Aun a riesgo de que algunos
lectores se rían de mí. Aun a riesgo de que vosotros mismos lo hagáis, quiero
deciros, mis caros quintos, que cada mañana, cuando os despertéis, deis gracias
a Dios por regalaros un día más, y lo viváis cual si fuera a ser el último.
Sólo así, siendo conscientes de que no sois dueños ni del segundo siguiente,
podréis disfrutar de verdad de todas las maravillas que ante vuestros, hasta hoy, ciegos
ojos, pone cada día la Madre Naturaleza. Sólo así dejaréis de ser testigos de
vuestros triunfos y vuestros fracasos, de vuestras penas y alegrías, convirtiéndoos
en verdaderos protagonistas. Sólo así, en fin, seréis capaces de oír crecer la
hierba.