Octubre se marcha dejando un rastro de hojas secas y un peso extraño en el pecho. Ha sido un mes difícil, de esos que duelen despacio, marcados por la ausencia de personas que amaba con el alma. Y sin embargo, paradojas de la vida, mientras mi mundo se volvía más silencioso, este rincón digital se llenaba de vuestros pasos: ha sido el mes en que más páginas habéis recorrido a mi lado, alcanzando la increíble cifra de 800.000 lecturas. Hemos compartido de todo un poco. Hubo días de luz, como la alegría de las Ferias, la emoción compartida con la Agrupación Musical Najerense y el soplo de vida del Teatro joven Bambalina. También viajamos juntos, descubriendo los secretos de las antiguas minas de manganeso en Puras de Villafranca y la sorprendente memoria del Museo de Radiotransmisiones Inocencio Bocanegra en Belorado, de la mano de los Amigos de la Historia Najerillense. Pero la realidad también nos golpeó de frente con el doloroso desahucio de Maricarmen y la sobrecogedora noticia del accidente de trenes en Toledo. La vida se empeñó en mostrarnos su cara más cruda, y vuestros ojos se detuvieron, sobre todo, en las crónicas que ojalá nunca hubiera tenido que escribir. Las páginas más leídas de este mes llevan los nombres del adiós. La despedida de mi amigo Javier Manzanares, «Javimán», un hombre de corazón colosal que no le cabía en el pecho y se le desbordaba en cada gesto. Si se calla el cantor: ¡Qué torpe es la parca! Y, arropándola muy de cerca, la marcha de mi adorada tía Carmen, una mujer hermosa en el sentido más puro, hondo y verdadero de la palabra. Si se calla el cantor: ¡Qué solo me dejas, tía! Que sus historias hayan sido las más buscadas me demuestra que, al final, nos refugiamos juntos en el recuerdo de los que hacen este mundo mejor. Octubre ha sido extraordinario por vuestra generosa compañía y durísimo por los golpes del camino. No hay desánimo en mis palabras, solo el asombro de ver cómo la vida mezcla la belleza y el duelo en el mismo cuaderno. Gracias por estar al otro lado de la pantalla, sosteniendo mis palabras cuando más pesaban.
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