Hace unos días colgué un comentario sobre la conveniencia de unir el camino de la Ruta Verde que va a Cenicero, a la acera embaldosada de la entrada a las piscinas de verano, porque, a pesar de no estar acabado, son muchísimas las personas que paseamos por él, y muchísimos los niños y niñas que podrían acceder por ahí al colegio San Fernando, solos/as o con sus padres, madres, abuelos o abuelas, evitando cruzar el paso de peatones del puente de San Juan de Ortega y el de la Estación de Autobuses. Piensen que ese -a veces peligroso- trayecto lo hacen a diario vecinos y vecinas del Paseo de los Ebanistas y de las calles Samaniego, Alameda, Avenida de La Rioja, Rey don García y Gonzalo de Berceo. Y solo basta con quitar el tocón del álamo blanco que se taló porque lo había dejado peligrosamente inclinado el último airón. Además, se da la circunstancia de que ahora mismo hay palas mecánicas colocando los tubos de riego de la ribera de la margen derecha del río Najerilla, y construyendo la pasarela del río Muelo. Yo que ustedes no dejaría escapar la ocasión.