sábado, 23 de mayo de 2026

Y la selva se hizo camposanto.

Se acabaron las penas de las personas que cada día subían al cementerio de Nájera a rezarles o a limpiarles las lápidas a sus seres queridos fallecidos, y bajaban de él llorando. Esta semana han sido segadas las yerbas de más de un metro de altura que les impedían acercarse a las tumbas. Las persistentes lluvias caídas a principios de mes y el calor sofocante de estos días, hicieron que el cementerio pareciera una selva. Y la carencia de un oficial de jardinería no ayuda nada a solucionar el problema con la inmediatez que requieren estas cosas. Misión cumplida.