Llevo más de medio siglo advirtiendo de que un día u otro el río Nájerilla va a recuperar su terreno, y los “ingenieros” de Nájera siempre me responden lo mismo: “Que eso ya no puede ocurrir nunca porque tenemos el pantano de Mansilla”. Y yo me canso de repetirles: “Que el reservorio de Mansilla solo regula el 20 por ciento del agua, porque los ríos Calamantío, Urbión (con el Viniegra y Ventrosa), Brieva, Roñas, Pedroso, Valvanera, Cárdenas y Tobía vierten aguas abajo del mismo; y que en el caso de que llegara aquí alguna borrasca como Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Pedro, Regina, Samuel o como quiera que se llame la que llegue -que va a llegar-, el embalse de Mansilla, lejos de ser un atenuante iba a ser un agravante, porque se verían obligados a desembalsar para que el agua no rompiera la presa o causase daños estructurales catastróficos. De hecho, la crecida que tenemos ahora mismo, se debe principalmente al agua que los técnicos están soltando para dejarle hueco a la que está bajando de la montaña por el deshiele de la nieve. Según declararon ayer, han duplicado el volumen de agua que sueltan al río, pasando de 26 a 55 metros cúbicos por segundo.
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