miércoles, 7 de enero de 2026

Muerto el perro, se acabó la rabia.

Desde que aparecieron los desgraciadamente famosos okupas de la calle San Jaime, el edificio número 10, fue tantas veces ocupado como vandalizado. Todo eran problemas en el edificio y en la calle: peleas entre diferentes okupas por quedarse con las habitaciones; problemas de desagües por carecer de agua, cortes y enganches ilegales de luz, e incompetencia municipal para poner pies en pared. Y para completar el grotesco cuadro, los vándalos de turno se dedicaban a romper todos los muebles de cocinas y habitaciones. En medio de este caos, los propietarios del bajo se dirigieron en varias ocasiones al Ayuntamiento a pedir una solución a este comportamiento tan anómalo. Los gobernantes de entonces -de esto hace unos cinco años-, debieron pensar que no iban a ser ellos quienes le pusieran el cascabel al gato, e intentaron declararlo en ruina, a pesar de que los dueños del bajo habían arreglado hacía diez años, con todos los permisos pertinentes, la cubierta del tejado. Así las cosas, okupas y vándalos siguieron haciendo de las suyas, hasta que hace unos meses se produjeron dos incendios seguidos, presuntamente provocados, y el Ayuntamiento actual declaró el edificio en ruinas, y ordenó su derribo. Con esta orden, el edificio ya no generará más problemas, pero los dueños del bajo se van a quedar compuestos y sin novia, después de tantos gastos.