Desde que aparecieron los desgraciadamente famosos okupas de la calle San Jaime, el edificio número 10, fue tantas veces ocupado como vandalizado. Todo eran problemas en el edificio y en la calle: peleas entre diferentes okupas por quedarse con las habitaciones; problemas de desagües por carecer de agua, cortes y enganches ilegales de luz, e incompetencia municipal para poner pies en pared. Y para completar el grotesco cuadro, los vándalos de turno se dedicaban a romper todos los muebles de cocinas y habitaciones. En medio de este caos, los propietarios del bajo se dirigieron en varias ocasiones al Ayuntamiento a pedir una solución a este comportamiento tan anómalo. Los gobernantes de entonces -de esto hace unos cinco años-, debieron pensar que no iban a ser ellos quienes le pusieran el cascabel al gato, e intentaron declararlo en ruina, a pesar de que los dueños del bajo habían arreglado hacía diez años, con todos los permisos pertinentes, la cubierta del tejado. Así las cosas, okupas y vándalos siguieron haciendo de las suyas, hasta que hace unos meses se produjeron dos incendios seguidos, presuntamente provocados, y el Ayuntamiento actual declaró el edificio en ruinas, y ordenó su derribo. Con esta orden, el edificio ya no generará más problemas, pero los dueños del bajo se van a quedar compuestos y sin novia, después de tantos gastos.
