martes, 28 de junio de 2016

¡Que San Pedro nos proteja!


     Mañana celebraremos por todo lo alto el día de San Pedro, almorzando chuletas, dando las Vueltas, y cantando y bailando con gran algazara por todas y cada una de las calles de la ciudad. A buen seguro, la alegre y bulliciosa jornada será más larga que la de San Juan, ya que en dando las tres Vueltas en la Plaza de España, tendremos que esperar todo un año para volverlas a dar. Y eso los sanjuaneros lo saben bien, y por eso procuran no avanzar en la Calle Mayor, para retrasar todo lo posible el final. No sé si acudirán los jóvenes de Logroño -seguramente los lleven a Haro a la Batalla del Vino-, pero si acudieran, quiero dejar bien claro que en poco o en nada pueden incidir en que nos lo pasemos bien o mal. ¡En nuestras manos está! Así que, como decía mi bien amado padre: "A la juventud pedimos/ que se sepa gobernar/ que beban y se diviertan/ y no haya que lamentar/"…

lunes, 27 de junio de 2016

La Verbena de San Juan.


Bien, muy requetebién han estado este año las alegres fiestas de San Juan. La víspera, el dueño del Bar Royalty, don Francisco Arrieta, “llevó” la música a tocar y con este motivo los alrededores de su establecimiento estuvieron concurridísimos de gente joven, que disfrutó de una verdadera noche de verano y de los múltiples juguetes que la banda municipal tocó hasta la una de la madrugada. Y amanece el día grande, espléndido, sin que el sol caliente más que lo suficiente para que la estancia en el paseo se haga gratísima. De mañana, las cuadrillas de gente moza esparcidas por paseos, huertas y arboledas, hacen el rico chocolate para el desayuno y desde este momento podemos decir que comienza la verbena de San Juan. La música municipal lo hace poco después, tocando en el paseo y la “juerga” comienza con todas las características verbeneras. Chicos y chicas vestidos con trajes típicos dan un color tal de alegría, que confundidos en alegre camaradería bailan, cantan y corren mientras la música “sopla” para que los “morenos” disfruten la mañana de San Juan. Se termina el concierto a las diez y la alegría sube unos puntos más, es que los jóvenes toman posiciones para dar las vueltas alrededor del kiosco. ¡Señores qué alegría y bullicio! chicos y grandes lo hacen sin que el cansancio les arredre y cada vez con más bríos. Han sido muchos los que este año “maduros” para añorar sus tiempos han “corrido” las vueltas y algunos juveniles. Y es que no se puede descongraciar a nuestras guapas najerinas, las cuales dicharacheras, y amables le invitan a dar las vueltas, y hay que acceder o no ir al paseo. Ha terminado la fiesta en el paseo; la música toca de nuevo el pasodoble de la “Verbena de la Paloma” y las rubias y morenas que de todo hay en grandes filas, del brazo de ellos, cantando recorren varias calles de la ciudad hasta desembocar en la plaza del 9 de septiembre, en donde de nuevo se baila para terminar la simpática mañana sanjuanera con las vueltas. Pero no para aquí la alegría, ya que después en nuestra primera sociedad de recreo Gran Casino, se celebra el baile de sociedad anunciado así como en la divertida sociedad La Coral. En ambas sociedades la animación ha sido grande, en donde hemos visto danzar a nuestras simpáticas paisanas y guapas señoritas de fuera hasta la una. Después de haber comido opíparamente en hoteles, casas de comidas, merenderos, y huertas, las “murgas” recorren las calles tocando y cantando, así que la “farra” es un movimiento continuo y una alegría inusitada hasta que de nuevo se “encierran” las alegres jóvenes en La Coral, en donde, sin dar muestras de cansancio, charlestonean hasta la hora de la merienda, que ellas y ellos se marchan a disfrutar al campo hasta el anochecido, que hacen el regreso, cantando trozos de la “Verbena de la Paloma”, para de nuevo alegrar calles y paseos, tocando la gaita, la música y otros instrumentos de cuerda. La noche está fresquita y en el salón del Gran Casino, que está radiante de belleza femenina, de nuevo se celebra el baile. Su amplia terraza y demás dependencias no pueden dar albergue a tanto gentío, haciéndose casi imposible el baile en la sala. Su conserje, don Emiliano Ruiz, esmeradísimo en todo es felicitado por el servicio. Lo mismo ocurre en los salones de La Coral, en donde sin cesar se rinde culto a Terpsícore, hasta la madrugada. ¡Vaya día! Así terminó el día de San Juan, uno de los más grandes del año, sin que se haya dado una mala nota discordante prueba inequívoca de que los najerinos saben divertirse, haciéndole al forastero grata la estancia entre ellos con el trato afable y cariñoso. ¡Bien por la juventud najerina!
-Extracto del artículo publicado en el periódico La Rioja, el 24 de Junio de 1.932.-

sábado, 25 de junio de 2016

Un San Juan como los de antes.


     Aunque todo hacía presagiar que la lluvia iba a chafarnos la fiesta, ayer disfrutamos de un San Juan como los de antes. La jornada comenzó con la llegada masiva de jóvenes de Logroño, a pasar el día en el yerbín de la ribera derecha del río Najerilla, y el encendido de centenares de gavillas de sarmientos para asar las sabrosas chuletas. El cielo estaba nublado, pero la temperatura era muy buena. Por la tarde, después de dar alrededor del quiosco las tres ansiadas Vueltas, Músicos y sanjuaneros nos encaminamos hacia la Plaza de España, permaneciendo impertérritos ante la lluvia que comenzó a caer justo cuando partíamos. La cosa no fue a más, y el número de sanjuaneros fue creciendo porque, además de incorporarse este año un buen número de jóvenes del botellón, la temperatura era perfecta para danzar y bailar sin sudar demasiado las camisetas. Después de casi tres horas de divina algazara, sanjuaneros y Músicos llegamos a la Plaza, donde estos últimos, con la generosidad que les caracteriza, nos tocaron de nuevo las tres Vueltas, y otras coplas de propina, terminando a las 17’20 horas la juerga. Poco después, la Peña Juventud realizó un animado pasacalle, como los que nos hacían “Los del Té de las 5” y “Los que no se rinden” en los sanjuanes de antes, hasta llegar a La Fábrica, donde se sumaron tantos jóvenes, que hicieron imposible seguir recorriendo las calles. Después de este alegre pasacalle, seguimos la juerga por los disco-bares, hasta bien entrada la noche. A esto hay que añadirle que nos reencontramos con muchos familiares que viven fuera y este año vinieron a dar las Vueltas, que los najerinos sacamos lo mejor que llevamos dentro, y que el comportamiento de los Músicos fue de diez. ¿Puede pedírsele más a esta bendita fiesta?

jueves, 23 de junio de 2016

De cómo fueron cambiando los sanjuanes.


     Desde que el difunto Paco Luis diera en abrir la Discoteca Dino en fiestas, los sanjuanes comenzaron a cambiar aceleradamente, perdiendo para siempre jamás, aquel  encanto tan especial que los caracterizaron, por ser unas fiestas sin igual. Ya nadie se quedaba bailando y cantando por todas y cada una de las calles de la ciudad, hasta hacer jirones la ropa y desgastar las zapatillas de esparto de tanto brincar, disfrutando como locos con los sones que incansablemente nos marcaban “Matías y su gente”, “Los del Té de las Cinco” o la inigualable cuadrilla, “Los que no se rinden”, porque, casi sin terminar de dar las vueltas en la Plaza de España, todos los jóvenes marchábamos a casa más que pitando, a ducharnos y a comer, para echarnos la siesta, y, una vez repuestos del cansancio, ponernos guapos e irnos al baile a ligar. Y así, casi sin notarlo, cuando más resplandeciente estaba el impoluto sol del recién estrenado verano, los jóvenes de mi generación nos encontrábamos en la penumbra de la pista de baile del Dino, bailando suelto al son de “Lluvia de primavera”, de Bebu Silvetti, y “El sonido de Philadelphia”, de MFSB y Three Negrees”, que eran las que siempre nos ponían los discjokey al principio, para ir calentando, mientras los diminutos círculos -¿o eran rombos?- luminosos que por doquier salían diseminados de la grandes bolas de cristal que iluminaban unos potentes focos, jugueteaban con nosotros recorriéndonos todo el cuerpo sin cesar. Cuando la cosa se iba animando, para ir tanteando si teníamos o no el plan asegurado cuando acabara el “suelto” y comenzara el “agarrado”, comenzábamos a echarles el ojo a algunas de las chicas nuevas que a nuestro lado se habían puesto a bailar. Pero lo cierto es que, mientras nosotros estábamos dentro de la discoteca intentando ligar como un domingo o día festivo más, fuera, muchos najerinos disfrutaban de suculentas meriendas, reunidos en envidiable hermandad, en huertas, choperas, bodegas o cualquier otro lugar, siguiendo luego la juerga, hasta que sus cuerpos ya no pudieran aguantar más. En alguna ocasión, estos entusiastas sanjuaneros, ni tan siquiera se iban a comer, y, una vez terminadas las vueltas en la Plaza de España, prolongaban la fiesta en el mismísimo río Najerilla, metidos hasta el culo en sus frías y cristalinas aguas, con instrumentos y todo, o en la explanada de la segunda era del castillo, como una peculiar forma de protestar. Ninguno de ellos se quitaba el atuendo, tantas veces sudado y mojado, como secado, de tanto bailar, con el que habían iniciado la juerga bien de mañanita, almorzando chuletas asadas al sarmiento en el cascajo, para, al igual que nosotros, ponerse guapos e irse a la discoteca a bailar. Y si tenías suerte y ligabas, aún llevabas bien el haberte perdido un día tan especial. Mas si no te comías un rosco, y te ponían, además, la canción “Torneró”, de Santo California, que era de lo más triste que podías escuchar,  sentías ganas de darte de hostias sin parar. Ahora mismo, me consta que sin darse cuenta de ello, los jóvenes de nuestra ciudad, en lugar de apurar todas y cada una de las horas de estos divinos días en los que, merced a los sones de las Vueltas, que tan metidos en la sangre llevamos, y a los lingotazos de vino que entre pecho y espalda nos metemos en los típicos almuerzos, para poder aguantar, aflora generosa y desnuda toda la bondad que hay en nosotros, convirtiéndonos en los hombres más desinteresados, solidarios, juerguistas y alegres del lugar, los están convirtiendo en unos días de botellón más, acabando así, casi por completo, con la magia de las fiestas de San Juan. ¿Recapacitarán algún día? ¡El tiempo lo dirá!

miércoles, 22 de junio de 2016

Nuestras fiestas de San Juan.


   Un mes antes de que llegaran las fiestas de San Juan, ya estábamos toda la chiquillería del pueblo silbándolas incansablemente, mientras nuestras piernas temblaban arrítmicamente, y les habíamos enviado cartas a nuestros familiares y amigos, invitándoles a que vinieran a pasarlas con nosotros.  Para entonces ya habíamos hecho acopio de paquetes de tabaco rubio: Tres carabelas, Camel y Bisonte, que habíamos ido mangando donde la señora Ciriaca, y donde las hermanas Cerezo. Unas horas antes del gran día, comprábamos atropellada y ruidosamente, botes de melocotón, pera y piña en almíbar, y refrescos a tutiplén, para ir a merendárnoslos después de las Vueltas, en cualquier huerta, chopera o en la Fuente La Estacada, hasta que anocheciese. Cuando llegaba San Juan, día largamente anhelado y esperado por todos nosotros, desde por la mañanita ya andábamos todo alborotados, observando cómo los mayores se ponían morados de chuletas al sarmiento, con nuestras viseras de cartón y nuestras trompetas de plástico, recién adquiridas en la tenducha ambulante de “Revuelta”, feriante de Santo Domingo. Cuando comenzaban las Vueltas, pletóricos de  felicidad, las dábamos bulliciosamente, sin atender mucho a los Músicos. Después, haciendo grandes corros, nos dirigíamos, casi sin apercibirnos de ello, hacia el Puente de Piedra, la Calle Mayor y la Plaza de España, cantando mil canciones del folclore sanjuanero, totalmente ajenos a las notas de los Músicos. Cuando llegábamos a la Plaza, nos tumbábamos en el abrasante suelo, y esperábamos a que llegaran los mayores y los sufridos Músicos. Cuando lo hacían, dábamos otra vez las vueltas, y nos marchábamos más que pitando a comer, para ir después a dar buena cuenta de las frutas y de los refrescos. Y así pasábamos las fiestas de San Juan, Cantores míos, cuando éramos pequeños.