lunes, 27 de abril de 2015

ESCENAS POLÍTICAS IMAGINARIAS (O QUIZÁ NO TANTO) (9)



Hace tiempo tuvo lugar una historia en la que se vieron involucrados el presidente del Gobierno de La Rioja y varias militantes de su partido. Sucedió una noche de invierno, a altas horas de la madrugada, y llegaron a intervenir algunos agentes de la policía local de Logroño. Debido a la personalidad de sus protagonistas se echó tierra apresuradamente sobre el asunto y se procuró por todos los medios que no llegara a conocimiento de la opinión pública. Los policías fueron conminados a guardar un mutismo total, y el suceso no trascendió.  Fue como si nunca hubiera ocurrido.
           De aquello han pasado ya más de diez años. Ahora, por mor de alguna filtración interesada, se han conocido algunos  jugosos  detalles de la historia.
            Era un martes de enero sobre las dos de la madrugada. Había niebla,  hacía un frío intenso y las calles de Logroño estaban desiertas. Un vehículo de la policía local hacía su ronda rutinaria por Vara de Rey procedente de Avenida de la Paz. De pronto, el agente que iba de copiloto creyó distinguir luz tras una de las ventanas del primer  piso del palacete de Gobierno.
            - ¿Has visto esa claridad ahí arriba? Eso no es normal un día entre semana y a estas horas. 
            El conductor detuvo el vehículo junto a la acera del Espolón, frente al palacete, y miró hacia donde señalaba su compañero.
            - ¡Qué raro! Puede que las mujeres de la limpieza se hayan dejado las luces encendidas  sin darse cuenta.
            En ese momento, pese a que las cortinas estaban echadas, advirtieron que se iluminaba también la habitación de al lado.
            - ¡Oye, oye, ahí arriba hay gente! -exclamó nervioso el copiloto-. ¡A ver si van a ser ladrones! Aparca ahí delante, junto a la marquesina de los urbanos, mientras  yo  pido refuerzos.
            Antes de cinco minutos se presentaron otros cuatro policías e intercambiaron pareceres  con sus compañeros. Ninguno tenía claro cómo debían actuar.   
- Casualmente llevamos aquí un manojo de llaves, entre las que está la de la puerta de entrada al palacete -dijo al fin uno de los recién llegados-. No perdamos tiempo. Manolo, tú quédate aquí y pide más refuerzos por la emisora. Mientras tanto nosotros intentaremos averiguar  quiénes son los que andan  por ahí arriba. ¡Vamos!
            Cuatro agentes pasaron al interior del recinto del palacete después de trepar por la verja. El quinto permaneció en la calle, vigilando. Abrieron con cuidado la puerta de entrada y se deslizaron dentro. A todos se les había quedado la boca seca y aumentado las pulsaciones. Empezaron a subir las escaleras, despacio y de puntillas, mientras les llegaban sonidos de voces atenuadas procedentes del primer piso. El agente que iba en cabeza desenfundó su pistola e hizo gestos a los demás para que le imitaran.
            Cuando llegaron al rellano se reagruparon. A uno de los agentes le castañeteaban los dientes y otro sintió un repentino crujido en las tripas y le entraron ganas de ir al servicio. Dentro continuaban las voces. Parecían de mujer. Los agentes estaban cada vez más asustados. 
            Unos metros más allá, en la sala donde se celebran habitualmente los Consejos de Gobierno, se hallaban reunidos Pedro Sanz y Emilio del Río, junto con la farmacéutica Francisca Mendiola (todavía no era senadora), y cuatro militantes del partido: Marta Martínez, recién promocionada a la alcaldía de Nájera tras la renuncia obligada de Antonio García Manzanares; Ana Lourdes González, primera mandataria de Ribafrecha; Cuca Gamarra, por aquel entonces aún lejana aspirante a la vara de mando del Consistorio logroñés, y la pochanquera Cristina Maiso, militante de una fidelidad irreprochable y siempre intentando hacer méritos para escalar puestos y honores en el organigrama  del Partido Popular.   
            Desde hacía más de media hora estaba celebrándose en la sala del Consejo de Gobierno una ceremonia maquinada por Emilio del Río, siempre ávido de agradar a su jefe, el presidente Sanz, con propuestas ocurrentes e imaginativas. Dados sus amplios conocimientos sobre cultura clásica, Emilio se había inspirado en la figura de las vírgenes vestales, aquellas sacerdotisas encargadas de mantener vivo el fuego sagrado de Vesta, la diosa protectora de la antigua Roma, cuya llama representaba el bienestar de la República. En esta ocasión, el traductor y comentarista de Marco Fabio Quintiliano se había visto obligado a realizar algunos cambios, el más importante de los cuales había consistido en reemplazar la figura de la diosa Vesta por la del diosecillo Pedro Sanz, con más aspecto de fauno, incluso de sátiro, que de otra cosa. No obstante, en lo tocante a las exigencias requeridas a las postulantes, éstas continuaban siendo las mismas que dos mil años atrás: lealtad y dedicación permanente al dios, adoración a su figura, promesa de acatar siempre todos sus deseos manifestados a través del oráculo, y compromiso de no compartir públicamente su vida con ninguna otra persona, hombre o mujer, según fueran las tendencias sexuales de cada cual.
            Para que la ceremonia poseyera cierta prestancia y altura estética, las cuatro postulantes vestían túnicas blancas; además llevaban el cabello suelto y habían comparecido sin joyas, aderezos o afeites de ninguna clase. Por su parte, Pedro Sanz vestía una amplia y elegante túnica de seda roja, mientras tocaba su testa con una corona de laurel. Emilio del Río pensó por un momento que el presidente se asemejaba de forma algo grotesca al emperador Nerón momentos antes de ordenar el incendio de Roma -¡sólo le faltaba la lira!-, pero procuró apartar ese pensamiento de su cabeza para que no le diera la risa. En su papel de maestro de ceremonias, el consejero Del Río se había procurado un traje de arlequín con botines de felpa y un gorrito con dos cascabeles que le hacía parecer un juglar medieval algo tronado. La que estaba para echarla a los leones era Paquita Mendiola, a quien Emilio había reservado para la ocasión el papel de gran sacerdotisa. Con una túnica flotante de color verde y un tocado que recordaba a los cuernos afeitados de un toro, Paquita tenía un inequívoco aire de hada Maléfica o de madrastra de Blancanieves, aunque a decir verdad ella ya parece alguna de las dos cosas, o las dos al mismo tiempo, aunque no se disfrace para la ocasión. Sólo con que se embuta uno de esos vibrantes pantalones con florecillas silvestres a los que tan aficionada es, ya dan ganas de salir corriendo. De ahí que algunos compañeros de partido se refieran a ella llamándola, con un poco de comprensible mala uva, «Paquilla Primaveras».
            El caso es que cuando los policías locales llegaron al palacete de Gobierno, el presidente Sanz, Emilio del Río y las cinco damas ya llevaban más de un cuarto de hora  practicando un extraño y relamido ceremonial. El primer mandatario riojano, envuelto en su epatante túnica roja, se hallaba sentado en una silla con ruedas y posabrazos al fondo de la sala, mientras su consejero Del Río y Francisca Mendiola se hallaban de pie a su lado, el uno a la derecha y la otra a su izquierda. Entretanto, las candidatas a sacerdotisas se habían ido acercando al presidente, después de practicar un simulacro de procesión alrededor de la mesa donde se sientan los miembros del Gobierno durante los Consejos. Emilio del Río había facilitada a cada una de las chicas una vela que luego había encendido, y ellas la portaban con la mano izquierda, mientras la derecha la llevaban apoyada sobre el corazón. Al tiempo que se acercaban al presidente, las cuatro iban entonando el canto litúrgico Perdona a tu pueblo, Señor, aunque sustituyendo la palabra Señor por el nombre de Pedro con acento en la ‘o’. O sea: Perdona a tu pueblo, Pedró; perdona a tu pueblo, perdónalo, Pedró.
            Una vez que llegaron ante el dios, las cuatro postulantes se desplegaron  en abanico. Entonces la gran sacerdotisa desenrolló una especie de pergamino que Emilio del Río había preparado con mucho esmero, y fue desgranando una serie de frases cortas o letanías que luego repetían las candidatas:
            «Tú eres, ¡oh presidente Sanz!, el único hombre al que nosotras amamos, el único al que veneramos, el único al que respetamos.
            »Para nosotras no existe más dios que tú, y sólo en tu palabra confiamos, sólo a ti nos entregamos y sólo por ti estamos dispuestas a vivir y a morir.
            »Bendito seas entre todos los varones que habitan esta tierra riojana, pues que nunca fue aquí caballero de damas tan bien servido como tú lo eres ahora, príncipe de los ingenios, orgullo de las madres, benefactor de todas las vírgenes que han sido, son y seguirán siéndolo por ti en el futuro.
            »Porque sólo tú eres bueno, sólo tú eres sabio, sólo tú inteligente y veraz.  
            »Pide y se te dará, insinúa y se te satisfará, reclama y se te complacerá.
            »Los menores de tus deseosos son órdenes para nosotras, y por ti estamos dispuestas a renunciar no sólo a nuestra condición femenina sino también a la de seres pensantes y actuantes.
            »Por tu bondad comemos, debido a tu generosidad nos realizamos, y en la medida de tu voluntad nos manifestamos como entes racionales, independientes  y autónomos, aunque  sólo sea lo justito y sin pasarnos.
            »Tuyas somos en cuerpo y alma, ahora y mientras sigas siendo el presidente de todos los riojanos y riojanas, dechado de perfecciones, foco polarizador de nuestros anhelos, sultán de mil harenes.
»Que sepas, ¡oh presidente magnífico!, que haremos siempre lo que tú nos pidas, porque a todo hemos renunciado por ti y de ti lo esperamos todo. Pero todo, todo… ¡Guapo, más que guapo!
            Mientras escuchaba a las postulantes repetir las letanías que les iba recitando la gran sacerdotisa, Emilio del Río tuvo la sensación de que se le había ido la mano en el panegírico y en las loas a Pedro Sanz. Tanto  empeño en halagar la vanidad del presidente, y aquello, de tan exagerado y surrealista parecía haber sido alumbrado al alimón entre Groucho Marx, Woody Allen y los hermanos Tonetti.
            Los agentes locales se hallaban apostados tras la puerta de la sala de reuniones del Consejo de Gobierno. No acertaban a comprender lo que estaba sucediendo dentro de la sala, pero el que ejercía de jefe les indicó por señas que se disponía a abrir la puerta.
           Cuando las postulantes terminaron de repetir las letanías que les iba leyendo la gran sacerdotisa, se hizo el silencio. Fue entonces cuando Pedro Sanz se puso en pie, carraspeó, juntó las manos  y se dispuso a pronunciar  unas palabras.
            De pronto se abrió violentamente la puerta de la sala y aparecieron los cuatro agentes locales, que se colaron dentro pistola en mano y se situaron con las piernas flexionadas y apuntando en todas las direcciones.
            - ¡Quieto todo el mundo!
            - ¡Arriba las manos!
            El estupor fue general. Las chicas giraron la cabeza y se quedaron mirando a los intrusos. La gran sacerdotisa reculó unos pasos, mientras Pedro Sanz empezó a soltar improperios. Sólo Emilio del Río permaneció quieto y callado, como si en el fondo aguardara la aparición de los agentes para componer un digno colofón a la mascarada que acababa de representarse allí dentro.
            Los policías tardaron unos instantes en reaccionar.
            - Hola, buenas.
            - Perdón por las molestias.
            - Pasábamos por aquí y hemos visto luz tras las ventanas…
            Entonces, como impelidos por un mismo resorte, los cuatro salieron de la sala y echaron a correr escaleras abajo, mientras se iban diciendo el uno al otro: «¡Hostia, tú, pero si era el presidente Sanz vestido de maricona!». Y el segundo: «¡La madre que me parió, ¿pues no era el otro gachó Emilio del Río disfrazado de payaso?!». El tercero se lamentaba, al tiempo que bajaba las escaleras de tres en tres: «¡Me parece que nos va a caer un marronazo de mil pares de narices!». Y el cuarto: «¡Bien empleado nos está por meternos a redentores!»
            El patinazo de los agentes no tuvo mayores consecuencias. Se les pidió que guardaran silencio sobre lo que habían visto y que se olvidaran cuanto antes de lo sucedido aquella noche.
            Las cuatro candidatas a sacerdotisas del dios Sanz han respetado hasta ahora el compromiso personal que adquirieron hace una década. Todas permanecen solteras, y de su fidelidad personal al presidente del Gobierno y del Partido Popular en La Rioja no dudan ni sus más acérrimos detractores. Las cuatro parecen un calco y prolongación de Pedro Sanz, y no hay mejores propagandistas que ellas de las falsas promesas, abusos y maquinaciones de su jefe. Parecen integrantes de una secta oscura en la que el de Igea ejerce de brujo que les ha comido el cerebro. Todas viven desde hace años por y para la política. Ninguna de ellas ha dado palo al agua fuera de ese círculo, y así esperan seguir en los próximos años, salvo que la corrupción que corroe los cimientos del Partido Popular se lleve a éste por delante y las arrastre a ellas también. Entonces será el llanto y crujir de dientes, porque aunque tres de las sacerdotisas son licenciadas en Derecho (Cuca, Marta y Cristina) y la otra maestra (Ana Lourdes), nadie duda de que se las verían y desearían para encontrar un trabajo decente fuera del ámbito cerrado de la política, un ámbito en el que han hallado cobijo y han aprendido a nadar y bracear a sus anchas, huyendo limpiamente de tiburones y otros depredadores. Tres de ellas (Cuca, Marta y Ana Lourdes) son alcaldesas y candidatas a repetir cargo en las próximas elecciones del 24 de mayo. Ana Lourdes es, además de alcaldesa, senadora, aunque, eso sí, una senadora que no dice nunca esta boca es mía, pese a lo bien que se le da apretar el botón que tiene delante de su escaño en el Senado para marcar el sí o el no que le ordena su jefe de filas. Cristina es directora general de Justicia e Interior a las órdenes de Emilio del Río, y ahí espera seguir muchos años más si un cataclismo no se lo impide. Todas las encuestas pronostican un derrumbe del Partido Popular en España, salvo en La Rioja, claro, donde, como ya escribimos en otra ocasión, parece existir un ecosistema político diferente al del resto del país. También puede suceder que aquí tengamos más tragaderas que en otras partes. O que seamos más ilusos. O que estemos peor informados. O que no nos apetezca cambiar. O que la propaganda machacona de los populares haya terminado calando en el ánimo de los riojanos y nos haya dejado sin capacidad alguna para dar un golpe de timón y cambiar de rumbo. O que la red clientelar potenciada desde el Gobierno y el Partido Popular por Pedro Sanz y los integrantes de su guardia pretoriana haya dañado el cerebro de los riojanos hasta inducirnos a temer que si gobiernan otros distintos a los populares esto se convierta en un putiferio y degenere  en una hecatombe sin paliativos. ¡Quién sabe!
            En lo que hace a la historia que se ha expuesto más arriba, hay quienes dudan de que sucediera alguna vez. Nosotros también tenemos nuestras dudas, aunque pensamos que se trata de una historia que retrata con verosimilitud a unos personajes y una situación: la sorprendente permanencia de cuatro mujeres escasamente dotadas en altos puestos de la política regional. Por eso, como dicen los italianos, Se non è vero, è ben trovato. O sea: Aunque no sea verdad, está bien compuesto.        
           
            Sempronio Graco                                                                       Continuará

domingo, 26 de abril de 2015

¿Hasta cuándo estará así?


    La tapa de hormigón de la acequia del IES Esteban Manuel de Villegas lleva más de un mes hundida, y aunque está bien señalizada, representa un serio peligro. Como quiera que estamos inmersos en las elecciones municipales y regionales, la pregunta es ineludible: ¿Hasta cuándo estará así? ¡Las urnas lo dirán!

sábado, 25 de abril de 2015

Una trampa mortal.


    Aunque nadie habla de ella, en Nájera existe una trampa mortal. Se encuentra en una de las salidas de emergencia del recién restaurado Cine Doga. Por fortuna aún no ha ocurrido nada, pero si un día ocurriera algo y los espectadores tuvieran que hacer uso de ella, las consecuencias serían calamitosas. Pónganse en situación: Pánico en la sala, una calle oscura y un cajón con escalones de más de veinte centímetros de altura. Este es otro de los maravillosos logros de nuestra temeraria alcaldesa.

jueves, 23 de abril de 2015

En busca del voto de los najerinos.


   Seis Candidaturas, seis, trabajarán en nuestra ciudad por ganarse los votos de los najerinos. Y a tenor de las familias que hay implicadas en ellas, el resultado es bien incierto. De momento, a la espera de que se dé el pistoletazo de salida, me limitaré a colgaros las seis Candidaturas para que conozcáis a quienes las integran. PARTIDO POPULAR:
Marta Martínez García, Jesús Pérez Cámara, María José Barco Pascual, Alvaro Hugo Azofra Ramos, Valvanera López Sáez, Jorge Salaverri Galarreta, Sergio Martínez Rubio, Fernando Parra Marina, Melania Anguiano Domínguez, Raquel Mínguez Hernáez, Diego Rodríguez Carrillo, Patricia Pascual Palacios y Coloma Francisca Mendiola Olarte. PSOE:
Jonás Olarte Fernández, María José Bejarano Prieto, Juan Ignacio del Rey Martínez, Patricia Calvo Montes, Irene Viniegra García, Pablo Lozano García, Laura Pascual Rubio, Héctor Pérez Mínguez, Damaris Pascual Caballero, Julio Nájera González, Laura Velasco Castroviejo, Luis Lerena Alonso y Haizea de Dios Román. ALTERNATIVA  NAJERINA:
Jaime Bravo Barriuso, Jesús Niño Ojeda, Polixenia Florenta Burungiu (Flor), Diego Fernández Izquierdo, Raúl Pérez Núñez, Jonathan Manzanos Martínez, Aurora Mengo Pinto, María Paz Martínez Tobías, María del Pilar García Sáez, Cristina Abad Eguizábal, Roberto González Arambilet, Francisco de Asís Dorado García y Tania García Ochoa. UNIÓN, PROGRESO Y DEMOCRACIA: 
Cristián Mendoza Fernández, Luis Matute Benito, Alberto Velasco Cruces, Cristina Marín Martínez, Josefa Ontiveros Encinas, María Inés Fernández Romero, Laura Rodrigo Pérez, Teresa Velasco Cruces, Iván Montiel Sobrino, Pablo Prior Rioja, David Martínez Quintana, Josefa Yuba Benito Pereira e Iván Gutiérrez Caballero. CAMBIA NÁJERA:
Idoia Eguileor Zangróniz, Benito García Villoslada, María Inmaculada Paton Mas, Carmelo Ruiz Hervías, Covadonga Anunciación Nieto Barreras, Enrique García Martínez, Virginia Amor Iglesias, José Antonio Peña Sáenz, Ana María Zangróniz Samaniego, Serafín Franco López, Margarita Iruzubieta Hidalgo, Francisco Javier Mariscal Soto y Yolanda Añibarro Gaviña. PARTIDO RIOJANO:
Enrique Acha Rubio, María Pilar Lumbreras Ayala, José Javier Julián Ruiz Deop, Sheila Cantera González, Jesús Arza Amilburu, María Cristina Fuentes Rubio, Tomás Vizueta Serrano, María Inmaculada Concepción Fernández Mínguez, Francisco Pérez Aranzubía, Vicente Sánchez López, José Alberto Peña Pérez, Lorena Matute Burgos y Juan José Sáez Azofra.