Este año, en las fiestas de San Juan Mártir y Santa María La Real, el Ayuntamiento de Nájera va a recuperar las tradicionales cucañas que celebrábamos cuando los setentones éramos unos chavales. Los y las participantes van a ser niñas y niños de hasta seis años, con palas, cubos y rastrillos de playa cargando la arena que el Ayuntamiento echó en la calle Descampado en vísperas de San Pedro para asar las chuletas al sarmiento. ¡Una genialidad del urbanismo moderno! ¿Para qué gastar recursos públicos en retirar la suciedad cuando puedes reconvertir un aparcamiento público en una idílica playa urbana de interior? Escondida tras la brillante excusa de la ola de calor y el riesgo de incendios en el Najerilla, la calle Descampado se ha convertido en el nuevo gran proyecto turístico local: un parque temático de la desidia donde los coches aparcan entre dunas de arena, piedras selectas y una pátina de ceniza histórica que ya forma parte de nuestro patrimonio. Lo más tétrico de todo es que hace poco recurrí a la ironía advirtiendo que dejarían la arena hasta el concurso de paellas, estirando la excusa meteorológica hasta Octubre. Lo triste no es que lo dijera; lo verdaderamente trágico es que la gente se lo creyó a pies juntillas. Y se lo creyó porque el nivel de abandono institucional al que nos tienen acostumbrados ya no es capaz de sorprender a nadie. La capacidad de asombro del najerino ha sido sepultada bajo el mismo sarmiento que usaron en San Pedro. ¿Qué pensarán los pocos veraneantes que todavía se aventuran a visitarnos al encontrarse con semejante estampa tercermundista? Probablemente piensen que Nájera está a la vanguardia del reciclaje de residuos festivos, o que estamos esperando a que el viento del norte haga el trabajo de limpieza que le corresponde a los servicios municipales. Se llevarán en la retina una postal lamentable y una pregunta lógica: ¿De verdad a nadie en el Consistorio le duele el alma al proyectar esta imagen? Retirar esa costra de suciedad requiere un esfuerzo insignificante. No hace falta un presupuesto millonario, ni ingeniería espacial; basta con un mínimo de voluntad política. Esa misma voluntad que parece congelada desde Junio. Mientras tanto, a los que de verdad amamos Nájera, se nos cae la cara de vergüenza y se nos parte el corazón al ver a nuestra ciudad tratada con tanto desprecio y abandono. Eso sí, vayan preparando las palas, los cubos y los rastrillos para las fiestas, que la arena de las chuletas ya está integrada en el paisaje urbano.