Esta mañana, un fenómeno meteorológico insólito y de fuerza devastadora ha sacudido nuestra ciudad. No venía del Atlántico ni traía nombre de mujer; se llamaba, con toda la pompa de la heráldica municipal, Brigada de Obras. A su paso, este torbellino ha obrado verdaderos milagros urbanos. En la calle Descampado, ha engullido por fin los históricos montones de arena que sobrevivían desde las hogueras de San Juan (esos que ya formaban parte del paisaje y servían de excusa lírica para asar las chuletas al sarmiento). En la zona de las piscinas de verano, el viento institucional ha podado las ramas bajas de los olmos, despojándonos del piadoso ejercicio de tener que postrarnos en señal de sumisión cada vez que paseábamos por allí. El cataclismo también alcanzó el Centro de Participación Activa de Personas Mayores, cuyo jardín, antes agostado y mortecino, ha quedado limpio como una patena, reluciendo bajo el sol como si la naturaleza hubiera hecho examen de conciencia. Y en la ribera izquierda del río Najerilla, allí donde el vandalismo nocturno ensaya su torpeza, el tornado ha dejado un rastro de tablas firmes y tornillos nuevos en los bancos, devolviendo la dignidad al paseo. En definitiva: un cataclismo de eficiencia. ¡Ha sido la hostia!
Ferias 2026: El misterio de San Miguel
Por otra parte, mudando el tercio pero no el asombro, este año las Ferias de San Miguel se van a celebrar -por estricta primera vez en los anales del calendario- los días 9, 10 y 11 de Octubre. Un San Miguel tardío, casi otoñal del todo, que desafía al santoral. A estas alturas del almanaque, confieso que desconozco el programa oficial pero sí sé que habrá concurso de calderetas. Para los audaces del fogón y el cucharón, les recuerdo que les dejé las bases detalladas en los comentarios de la entrada de ayer. Vayan afilando los cuchillos y preparando las ollas, que el otoño se presenta apetecible.
