Me gustaría muchísimo desearos Feliz Año Nuevo a todos. ¡Mas no puedo
hacerlo! No puedo ni quiero engañaros a vosotros. Y mucho menos aún engañarme a
mí mismo. El año que acaba de nacer va a ser más de lo mismo. Y lo va a ser
porque una cifra no puede cambiar una realidad tan trágica como la que estamos
viviendo. Lo único que puedo desear y deseo, es que los que aún tenemos algo,
demostremos nuestra solidaridad, nuestra generosidad, nuestra entrega, nuestro
calor y nuestro cariño con los que más están sufriendo.
miércoles, 1 de enero de 2014
¡No puedo hacerlo!
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Eusebio Hervías del Campo
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lunes, 30 de diciembre de 2013
¡Hasta siempre, Amigo mío!
Queridos Cantores. Tenía pensado colgar ahora mismo el cartel que
mi querida Amiga Raquel me envió de la “San Silvestre”, pero me acabo de
enterar de que se ha muerto mi querido Amigo Guzmán, y quiero colgarle un
artículo que le escribí hace tiempo, como pequeño
Homenaje.
“MIS AVENTURAS CON GUZMÁN”.
Y
ya que les he hablado a ustedes de las diferentes cuadrillas por las que desde
los catorce años fui pasando, les contaré en este relato algunas de las
aventuras que viví con mi buen amigo Guzmán, hasta que el caprichoso destino
nos dejó a cada uno por su lado. Siempre tuve muy claro que este entrañable
amigo mío de mayor iba a ser mecánico, porque sin tener aún catorce años, se
pasaba las horas en la
Calle Peligro , desmontando y montando las bicicletas con las
que subíamos a Hormilla a bailar en los chamizos; la “Lambretta” y el “Gordini”
que su padre tenía en la cochera para ir a nuestras casas a dejarnos los culos
totalmente agujereados (era practicante), y fabricando unos carros cojonudos,
con ruedas de “Jané” que cogíamos de uno y otro lado. Mientras tuvo la
bicicleta, fue el verdadero rey de los pedales, pues no había nadie en La Rioja que le metiera mano.
Cruzaba cantidad de veces el viejo puente de tabla por el listón lateral que,
para sujetar las tablas centrales, Lucerico había clavado, a pesar de medir
solamente unos tres centímetros de ancho. Nos llevaba a todos los de la
cuadrilla con una cuerda larga en carros remolcados (cuando tocaba subir o
llanear no pasaba nada, pero cuando íbamos cuesta abajo, o venían curvas, como
el carro corría más que la bici, e iba para donde quería, nos dábamos unas
hostias de espanto). Andaba con la rueda delantera levantada cualquier
distancia que le marcáramos, y bajaba con ella a Logroño, como si tal
cosa, a comprarnos los últimos discos que habían salido al
mercado. Además de todo esto, participó en varias ocasiones en “La Vuelta Ciclista a La Rioja ”, antes de abandonar
el ciclismo, totalmente desilusionado. Cuando le compraron la moto de trial
(una Montesa, creo que era), las hazañas fueron aún de mayor calado. Baste con
decirles a ustedes, que de no haber tenido farolas el Puente de Piedra, sin
ningún género de duda, por sus barandillas lo habría cruzado. Con esta moto,
además de ponernos a todos los de la cuadrilla los pelos de punta viéndole
subir y bajar por nuestros montes del modo más temerario, participó en
bastantes campeonatos de trial, celebrados en el País Vasco. Y he de decirles,
a renglón seguido, para que nadie pueda decir que por ser amigo mío el relato
está falseado o adornado, que en ninguno de ellos se alzó con la victoria, por
más que ello nos hubiese gustado. Después se compró una Bultaco “Metralla”, que
sólo el verla nos causaba espanto. Esta moto era capaz de ponerse con una
rueda, si al meterle la cuarta no soltabas el embrague con mucho cuidado. Tanto
era así, que a pesar de ser él un motorista avezado, en una ocasión, cuando se
le gripó yendo a toda leche por los caminos que conducían a Haro, se pegó
semejante hostia con ella, que por poco se nos marcha al otro barrio.
Finalmente, cuando su padre le dejó coger el “Gordini”, nos llevaba por esas
carreteras de Dios, a toda la velocidad que podía coger semejante cacharro (le
llamaban el coche de las viudas), tomando todas las curvas de lado, sobre todo
cuando nos subía a Valvanera, que terminábamos todos, además de mareados, con
los pantalones mojados. ¡Cómo coño no nos habremos matado! Pero dejando aparte
bicicletas, carros, Montesas, Bultacos y “Gordinis”, para que vean que no les
mentí cuando al principio les dije que siempre tuve muy claro que el futuro de
Guzmán era el de ser mecánico, he de decirles a ustedes, amigos lectores,
poniéndole así fin al relato, que por más que su padre se empeñó en que
aprobara el “ingreso”, para que pudiera hacer después el “bachillerato” (antes
se llamaban así), para que hubiese podido ser arquitecto, médico o abogado, él,
sabedor de que en esta ciudad quien no estudiaba trabajaba, jamás quiso
aprobarlo. Y hoy, lejos de ser “un calamidad”, tal y como le pronosticaban
entonces en nuestra ciudad a quien no estudiaba, Guzmán es un señor Industrial
del Automóvil, además de un gran mecánico.
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Eusebio Hervías del Campo
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domingo, 29 de diciembre de 2013
Inauguración de "La Salera".
En esta fotografía de la Inauguración del Campo de Fútbol “La Salera”, en
el año 1967, también hay cosas curiosas. Soslayando el saque de honor, y el
porte distinguido de Felipe Marijuán, tenemos entre los aficionados a dos que
ese día les querían tocar los cojones al resto. Me refiero, evidentemente, al
del paraguas y la chaqueta –aparentemente estaba un día espléndido- y al que
quería tapar con la suya el único anuncio legible: El del jocoso Maisi “el
pintor”. ¡Que ya son ganas de joder la flamante inauguración! Me imagino que de
los que aparecen en esta fotografía fuera del campo habrán muerto casi todos ya.
Pero yo quiero centrarme hoy en el ingenioso Maisi “el pintor”. Este popular
najerino tenía unas dotes especiales para hacer chistes de todo. -Todavía andan
por ahí unos programas de fiestas escritos por él, que te desternillas de risa
leyéndolos.- Voy a relataros una anécdota ocurrida hace más de cincuenta años
en el surtidor de gasolina que había junto al Restaurante Las Pericas -el que a
finales de los años sesenta llevamos mi bienamado padre y yo- entre un
camionero de Madrid y él. Como todos vosotros sabréis –hasta hace cuatro días aún
estaba en la Serrería Ochoa el cartel de: “Hay carga para Madrid”-, los
camioneros que venían a nuestra ciudad a descargar mercancía, intentaban
cargarlos de nuevo aquí, de lo que fuera, para hacer así dos portes a la vez.
Pues bien, una mañana de verano, el camionero de Madrid paró en la gasolinera
para preguntarle a alguien si había carga para Madrid, con tan buena –o mala-
suerte que fue a dar con Maisi “el pintor”, y el pobre camionero, dirigiéndose
a él, le dijo: “¡No sabrá usted si hay aquí carga para Madrid!” A lo que Maisi,
todo serio, le contestó: “¡Pues carga no lo sé, pero si quiere usted cabrones,
ahora mismo le lleno el camión!” El
camionero, tras escuchar tan singular contestación, más blanco que la leche, se
subió al camión, lo arrancó y se marchó. Desde entonces, los que conocemos la
anécdota, cuando nos cruzamos por la calle nos decimos: “¡Hay carga para
Madrid!” Y nos contestamos: “¡Lo que no hay es camiones suficientes para llevar
a tanto cabrón!”
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Eusebio Hervías del Campo
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sábado, 28 de diciembre de 2013
Tres taurinos de pro, en "El Ruedo".
En esta curiosa fotografía de los años cincuenta, tenemos a tres
taurinos de pro –los tres fallecidos- en el coso de la Plaza de Toros “El Ruedo”:
Mauricio Gómez, Constantino Montalvo –éste toreó varias veces vestido con el
traje de luces- y José María Domingo. Y digo curiosa por dos cosas: Porque Raúl
–o Abraham, lo desconozco- los colocó en el burladero en el que tenía su
propaganda impresa, y porque sobre las tablas se ve claramente que dicho
burladero había tenido otra propaganda antes que la suya. “El Ruedo” significó
muchísimo para mí en mi asilvestrada vida, ya que desde pequeñito me llevaba a
él mi querida Concha Tejada a ver las “charlotadas” que mi bienamado padre
Benedicto “Morgón” hacía, y a partir de los dieciséis años salí con uno de los
hijos del matrimonio que lo regentaba: Félix Díaz y Antonia de Torre, mi
querido Amigo Eduardo Díaz de Torre, “Yumbito”, que, una vez convertido en
Camping, en cuanto llegaban a él las primeras extranjeras en verano, nos
avisaba raudo y veloz para que fuéramos los de la cuadrilla “Los Golfos” a la
barra del Bar que tenían, a intercambiar lenguas con ellas. Y también aquí
quiero recordar a una persona muy querida para mí, que la torpe Parca se llevó
con ella siendo casi una niña: la hermana de Juan Ramón y Eduardo, Belén, cuya
luminosa y límpida sonrisa, a pesar de que le hacíamos rabiar con lo de: “que
no la llamen, Belén, Belén; que no la llamen Belén, Belén…, que no viene”,
iluminó nuestras vidas. (¡Cómo echo de menos a esta angelical criatura!
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Eusebio Hervías del Campo
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jueves, 26 de diciembre de 2013
Bar El Mono.
He aquí una preciosa fotografía de Víctor García y sus hijos,
Victoriano, Antonio e Iluminada, dentro de la barra del famosísimo Bar el Mono
de Nájera, en los años 50. En ella no se ve el Mono que durante muchísimos años
tuvieron disecado sobre una gruesa rama. No sé si porque aún no lo tenían, o
porque queda fuera de la fotografía. Sea como fuere, este Bar y esta familia
fueron toda una institución en la vida najerina. Allí iban cantidad de
parroquianos a echar la partida entre irrespirables nubes de humo de tabaco
todos los días. (En Ferias, la gente de los pueblos tenía que hacer fila, a
pesar de existir otros Bares típicos de la “partida”, como el Royalty, el Náxara, el
Casino y el Círculo Católico.) Cuando yo comencé a ir al Mono con mis
diferentes cuadrillas, fue cuando abrieron la Discoteca donde hoy tienen el
restaurante, que, como ya os he contado en alguna ocasión, tuvieron que
cerrarla porque aquello parecía un Salón del viejo Oeste por las numerosas
peleas que había. Después, en los tiempos de la “revolución”, íbamos a él de
vinos veinticinco o treinta revolucionarios juntos, y a veces no les llegaba la
vajilla. Quiero recordar también al difunto Julio Lázaro, “Julito” para
nosotros, que nos atendía con una amabilidad exquisita, y al portero de la
Discoteca, Arturo Serrano, “Caireles”, que aunque no teníamos la edad para
entrar, al cogernos las entradas desviaba la vista. Afortunadamente, de los que
están en la fotografía solo falta el padre: El popular Víctor García.
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Eusebio Hervías del Campo
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