domingo, 5 de enero de 2014

Volverán a equivocarse los Reyes Magos.


   A pesar de lo que digan el mendaz de Rajoy y sus adláteres, en el 2015 los Reyes Magos dejarán de ser Magos y volverán a equivocarse como lo hacían en mi infancia, cuando les pedía una equipación completa de fútbol, una coraza romana, con su escudo y su espada, o el traje del indio Winnetou, hermano de sangre de Old Shatterhand, en las películas de indios que devoraba con pasión siendo niño, y me traían ropa interior y material escolar para todo el año. Y yo, tras desenvolver histérico los regalos, me decía todo indignado: “¡Pero si esto ya me lo compra mi madre cuando me hace falta! ¡Vaya Reyes Magos! ¡Mucho subir escaleras con sus caballos, y no tienen ni idea de traer los regalos!” Y lo mismo ocurría con mis hermanos. Lo que sí nos traían eran los juegos reunidos geyper, para que jugáramos con ellos toda la familia, como desagravio. Y volveremos a las cocinas de leña, que se cargaban colocando un palo en el centro y apretando el ricillo o el serrín con otro, golpeándolo. Y al calor de estas rústicas cocinas, las futuras madres bañarán a sus hijos en los baldes de cinc cada sábado. Y volverán a reunirse a comer escuchando la radio, mezclando el cocido con lágrimas y pan sagrado. Porque la abyecta política que están llevando a cabo estos corruptos depravados, nos va a dejar a todo el mundo en el paro. Y quienes tengan la fortuna de trabajar, gracias a la infame reforma laboral, lo harán a cambio de un miserable salario. Así que, como ha quedado dicho: ¡Volverán a equivocarse los Reyes Magos!

sábado, 4 de enero de 2014

Nuestros primeros socorristas.


  Por último, dentro de este apartado especial que dedico en estas entrañables fiestas a recordar a najerinos ya fallecidos, quiero colgaros una preciosa fotografía de nuestros primeros socorristas de la Cruz Roja, en la que, afortunadamente, -que yo sepa- solo falta el inolvidable Antoñito, “Jalisco”. Y ya que hablo de la Cruz Roja, quiero recordar a tres socios fundadores que lo dieron todo por ella: José Luis Rojo, Tarsicio Moreno y mi bienamado padre, Benedicto Hervías: “El Rojo”, “Jalisco” y “Morgón”, que levantaron con sus propias manos el primer puesto de socorro que tuvo la Cruz Roja en nuestra ciudad, dentro del Fielato. De los tres, solo José Luis Rojo sigue entre nosotros. ¡Y que siga mucho tiempo!

viernes, 3 de enero de 2014

Una tarde en la "Feria Matea".


   Otra preciosa fotografía de los años sesenta (63-64), en la que un grupo de najerinos amantes del mundo de los toros aparecen en primera fila en la Plaza de Toros de Logroño, disfrutando de una corrida de la Feria de San Mateo. De los seis najerinos que aparecen en ella, cuatro adultos y dos niños, cuatro han muerto: El niño Roberto Aldonza; su padre, Victoriano Aldonza; Gonzalo Carrillo y Vicente Diez. Se da la circunstancia de que estos tres adultos fueron miembros fundadores de la Peña Taurina de Nájera. Y Gonzalo Carrillo fue, además, un afamado crítico taurino. Roberto Aldonza, al que la Parca se llevó siendo muy joven, fue un najerino amante de su familia, de la música y de sus amigos. Cuando los estudios se lo permitían –creo recordar que fue un estudiante ejemplar- se pasaba las tardes-noches tocando la guitarra en la Plaza de España y en los bancos del Paseo, sobre todo en verano, con otros jóvenes najerinos. De aquellos ratos de disfrute y divertimento, nació el Grupo najerino Papá Goriot, que el año pasado, como homenaje a Jesús Aranzubía, también fallecido tempranamente, nos ofreció en el Cine Doga de Nájera un Concierto, más que magnífico, apoteósico. ¡Descansen en Paz todos ellos!

miércoles, 1 de enero de 2014

¡No puedo hacerlo!


   Me gustaría muchísimo desearos Feliz Año Nuevo a todos. ¡Mas no puedo hacerlo! No puedo ni quiero engañaros a vosotros. Y mucho menos aún engañarme a mí mismo. El año que acaba de nacer va a ser más de lo mismo. Y lo va a ser porque una cifra no puede cambiar una realidad tan trágica como la que estamos viviendo. Lo único que puedo desear y deseo, es que los que aún tenemos algo, demostremos nuestra solidaridad, nuestra generosidad, nuestra entrega, nuestro calor y nuestro cariño con los que más están sufriendo.

lunes, 30 de diciembre de 2013

¡Hasta siempre, Amigo mío!


   Queridos Cantores. Tenía pensado colgar ahora mismo el cartel que mi querida Amiga Raquel me envió de la “San Silvestre”, pero me acabo de enterar de que se ha muerto mi querido Amigo Guzmán, y quiero colgarle un artículo que le escribí hace tiempo, como pequeño Homenaje.    
 “MIS AVENTURAS CON GUZMÁN”.
    Y ya que les he hablado a ustedes de las diferentes cuadrillas por las que desde los catorce años fui pasando, les contaré en este relato algunas de las aventuras que viví con mi buen amigo Guzmán, hasta que el caprichoso destino nos dejó a cada uno por su lado. Siempre tuve muy claro que este entrañable amigo mío de mayor iba a ser mecánico, porque sin tener aún catorce años, se pasaba las horas en la Calle Peligro, desmontando y montando las bicicletas con las que subíamos a Hormilla a bailar en los chamizos; la “Lambretta” y el “Gordini” que su padre tenía en la cochera para ir a nuestras casas a dejarnos los culos totalmente agujereados (era practicante), y fabricando unos carros cojonudos, con ruedas de “Jané” que cogíamos de uno y otro lado. Mientras tuvo la bicicleta, fue el verdadero rey de los pedales, pues no había nadie en La Rioja que le metiera mano. Cruzaba cantidad de veces el viejo puente de tabla por el listón lateral que, para sujetar las tablas centrales, Lucerico había clavado, a pesar de medir solamente unos tres centímetros de ancho. Nos llevaba a todos los de la cuadrilla con una cuerda larga en carros remolcados (cuando tocaba subir o llanear no pasaba nada, pero cuando íbamos cuesta abajo, o venían curvas, como el carro corría más que la bici, e iba para donde quería, nos dábamos unas hostias de espanto). Andaba con la rueda delantera levantada cualquier distancia que le marcáramos, y bajaba con ella a Logroño, como si tal cosa,  a comprarnos los últimos discos que habían salido al mercado. Además de todo esto, participó en varias ocasiones en “La Vuelta Ciclista a La Rioja”, antes de abandonar el ciclismo, totalmente desilusionado. Cuando le compraron la moto de trial (una Montesa, creo que era), las hazañas fueron aún de mayor calado. Baste con decirles a ustedes, que de no haber tenido farolas el Puente de Piedra, sin ningún género de duda, por sus barandillas lo habría cruzado. Con esta moto, además de ponernos a todos los de la cuadrilla los pelos de punta viéndole subir y bajar por nuestros montes del modo más temerario, participó en bastantes campeonatos de trial, celebrados en el País Vasco. Y he de decirles, a renglón seguido, para que nadie pueda decir que por ser amigo mío el relato está falseado o adornado, que en ninguno de ellos se alzó con la victoria, por más que ello nos hubiese gustado. Después se compró una Bultaco “Metralla”, que sólo el verla nos causaba espanto. Esta moto era capaz de ponerse con una rueda, si al meterle la cuarta no soltabas el embrague con mucho cuidado. Tanto era así, que a pesar de ser él un motorista avezado, en una ocasión, cuando se le gripó yendo a toda leche por los caminos que conducían a Haro, se pegó semejante hostia con ella, que por poco se nos marcha al otro barrio. Finalmente, cuando su padre le dejó coger el “Gordini”, nos llevaba por esas carreteras de Dios, a toda la velocidad que podía coger semejante cacharro (le llamaban el coche de las viudas), tomando todas las curvas de lado, sobre todo cuando nos subía a Valvanera, que terminábamos todos, además de mareados, con los pantalones mojados. ¡Cómo coño no nos habremos matado! Pero dejando aparte bicicletas, carros, Montesas, Bultacos y “Gordinis”, para que vean que no les mentí cuando al principio les dije que siempre tuve muy claro que el futuro de Guzmán era el de ser mecánico, he de decirles a ustedes, amigos lectores, poniéndole así fin al relato, que por más que su padre se empeñó en que aprobara el “ingreso”, para que pudiera hacer después el “bachillerato” (antes se llamaban así), para que hubiese podido ser arquitecto, médico o abogado, él, sabedor de que en esta ciudad quien no estudiaba trabajaba, jamás quiso aprobarlo. Y hoy, lejos de ser “un calamidad”, tal y como le pronosticaban entonces en nuestra ciudad a quien no estudiaba, Guzmán es un señor Industrial del Automóvil, además de un gran mecánico.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Inauguración de "La Salera".


   En esta fotografía de la Inauguración del Campo de Fútbol “La Salera”, en el año 1967, también hay cosas curiosas. Soslayando el saque de honor, y el porte distinguido de Felipe Marijuán, tenemos entre los aficionados a dos que ese día les querían tocar los cojones al resto. Me refiero, evidentemente, al del paraguas y la chaqueta –aparentemente estaba un día espléndido- y al que quería tapar con la suya el único anuncio legible: El del jocoso Maisi “el pintor”. ¡Que ya son ganas de joder la flamante inauguración! Me imagino que de los que aparecen en esta fotografía fuera del campo habrán muerto casi todos ya. Pero yo quiero centrarme hoy en el ingenioso Maisi “el pintor”. Este popular najerino tenía unas dotes especiales para hacer chistes de todo. -Todavía andan por ahí unos programas de fiestas escritos por él, que te desternillas de risa leyéndolos.- Voy a relataros una anécdota ocurrida hace más de cincuenta años en el surtidor de gasolina que había junto al Restaurante Las Pericas -el que a finales de los años sesenta llevamos mi bienamado padre y yo- entre un camionero de Madrid y él. Como todos vosotros sabréis –hasta hace cuatro días aún estaba en la Serrería Ochoa el cartel de: “Hay carga para Madrid”-, los camioneros que venían a nuestra ciudad a descargar mercancía, intentaban cargarlos de nuevo aquí, de lo que fuera, para hacer así dos portes a la vez. Pues bien, una mañana de verano, el camionero de Madrid paró en la gasolinera para preguntarle a alguien si había carga para Madrid, con tan buena –o mala- suerte que fue a dar con Maisi “el pintor”, y el pobre camionero, dirigiéndose a él, le dijo: “¡No sabrá usted si hay aquí carga para Madrid!” A lo que Maisi, todo serio, le contestó: “¡Pues carga no lo sé, pero si quiere usted cabrones, ahora mismo le lleno el camión!”  El camionero, tras escuchar tan singular contestación, más blanco que la leche, se subió al camión, lo arrancó y se marchó. Desde entonces, los que conocemos la anécdota, cuando nos cruzamos por la calle nos decimos: “¡Hay carga para Madrid!” Y nos contestamos: “¡Lo que no hay es camiones suficientes para llevar a tanto cabrón!”