A pesar de lo que digan el mendaz de Rajoy y sus adláteres, en el 2015
los Reyes Magos dejarán de ser Magos y volverán a equivocarse como lo hacían en
mi infancia, cuando les pedía una equipación completa de fútbol, una coraza
romana, con su escudo y su espada, o el traje del indio Winnetou, hermano de
sangre de Old Shatterhand, en las películas de indios que devoraba con pasión
siendo niño, y me traían ropa interior y material escolar para todo el año. Y
yo, tras desenvolver histérico los regalos, me decía todo indignado: “¡Pero si
esto ya me lo compra mi madre cuando me hace falta! ¡Vaya Reyes Magos! ¡Mucho
subir escaleras con sus caballos, y no tienen ni idea de traer los regalos!” Y
lo mismo ocurría con mis hermanos. Lo que sí nos traían eran los juegos
reunidos geyper, para que jugáramos con ellos toda la familia, como desagravio.
Y volveremos a las cocinas de leña, que se cargaban colocando un palo en el
centro y apretando el ricillo o el serrín con otro, golpeándolo. Y al calor de
estas rústicas cocinas, las futuras madres bañarán a sus hijos en los baldes de
cinc cada sábado. Y volverán a reunirse a comer escuchando la radio, mezclando
el cocido con lágrimas y pan sagrado. Porque la abyecta política que están
llevando a cabo estos corruptos depravados, nos va a dejar a todo el mundo en
el paro. Y quienes tengan la fortuna de trabajar, gracias a la infame reforma
laboral, lo harán a cambio de un miserable salario. Así que, como ha quedado
dicho: ¡Volverán a equivocarse los Reyes Magos!
domingo, 5 de enero de 2014
Volverán a equivocarse los Reyes Magos.
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Eusebio Hervías del Campo
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sábado, 4 de enero de 2014
Nuestros primeros socorristas.
Por último, dentro de este apartado especial que dedico en estas
entrañables fiestas a recordar a najerinos ya fallecidos, quiero colgaros una
preciosa fotografía de nuestros primeros socorristas de la Cruz Roja, en la que,
afortunadamente, -que yo sepa- solo falta el inolvidable Antoñito, “Jalisco”. Y
ya que hablo de la Cruz Roja, quiero recordar a tres socios fundadores que lo
dieron todo por ella: José Luis Rojo, Tarsicio Moreno y mi bienamado padre,
Benedicto Hervías: “El Rojo”, “Jalisco” y “Morgón”, que levantaron con sus
propias manos el primer puesto de socorro que tuvo la Cruz Roja en nuestra ciudad, dentro
del Fielato. De los tres, solo José Luis Rojo sigue entre nosotros. ¡Y que siga
mucho tiempo!
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Eusebio Hervías del Campo
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viernes, 3 de enero de 2014
Una tarde en la "Feria Matea".
Otra preciosa fotografía de los años sesenta (63-64), en la que un grupo
de najerinos amantes del mundo de los toros aparecen en primera fila en la
Plaza de Toros de Logroño, disfrutando de una corrida de la Feria de San Mateo.
De los seis najerinos que aparecen en ella, cuatro adultos y dos niños, cuatro
han muerto: El niño Roberto Aldonza; su padre, Victoriano Aldonza; Gonzalo
Carrillo y Vicente Diez. Se da la circunstancia de que estos tres adultos
fueron miembros fundadores de la Peña Taurina de Nájera. Y Gonzalo Carrillo
fue, además, un afamado crítico taurino. Roberto Aldonza, al que la Parca se
llevó siendo muy joven, fue un najerino amante de su familia, de la música y de
sus amigos. Cuando los estudios se lo permitían –creo recordar que fue un
estudiante ejemplar- se pasaba las tardes-noches tocando la guitarra en la
Plaza de España y en los bancos del Paseo, sobre todo en verano, con otros
jóvenes najerinos. De aquellos ratos de disfrute y divertimento, nació el Grupo
najerino Papá Goriot, que el año pasado, como homenaje a Jesús Aranzubía,
también fallecido tempranamente, nos ofreció en el Cine Doga de Nájera un
Concierto, más que magnífico, apoteósico. ¡Descansen en Paz todos ellos!
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Eusebio Hervías del Campo
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miércoles, 1 de enero de 2014
¡No puedo hacerlo!
Me gustaría muchísimo desearos Feliz Año Nuevo a todos. ¡Mas no puedo
hacerlo! No puedo ni quiero engañaros a vosotros. Y mucho menos aún engañarme a
mí mismo. El año que acaba de nacer va a ser más de lo mismo. Y lo va a ser
porque una cifra no puede cambiar una realidad tan trágica como la que estamos
viviendo. Lo único que puedo desear y deseo, es que los que aún tenemos algo,
demostremos nuestra solidaridad, nuestra generosidad, nuestra entrega, nuestro
calor y nuestro cariño con los que más están sufriendo.
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Eusebio Hervías del Campo
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lunes, 30 de diciembre de 2013
¡Hasta siempre, Amigo mío!
Queridos Cantores. Tenía pensado colgar ahora mismo el cartel que
mi querida Amiga Raquel me envió de la “San Silvestre”, pero me acabo de
enterar de que se ha muerto mi querido Amigo Guzmán, y quiero colgarle un
artículo que le escribí hace tiempo, como pequeño
Homenaje.
“MIS AVENTURAS CON GUZMÁN”.
Y
ya que les he hablado a ustedes de las diferentes cuadrillas por las que desde
los catorce años fui pasando, les contaré en este relato algunas de las
aventuras que viví con mi buen amigo Guzmán, hasta que el caprichoso destino
nos dejó a cada uno por su lado. Siempre tuve muy claro que este entrañable
amigo mío de mayor iba a ser mecánico, porque sin tener aún catorce años, se
pasaba las horas en la
Calle Peligro , desmontando y montando las bicicletas con las
que subíamos a Hormilla a bailar en los chamizos; la “Lambretta” y el “Gordini”
que su padre tenía en la cochera para ir a nuestras casas a dejarnos los culos
totalmente agujereados (era practicante), y fabricando unos carros cojonudos,
con ruedas de “Jané” que cogíamos de uno y otro lado. Mientras tuvo la
bicicleta, fue el verdadero rey de los pedales, pues no había nadie en La Rioja que le metiera mano.
Cruzaba cantidad de veces el viejo puente de tabla por el listón lateral que,
para sujetar las tablas centrales, Lucerico había clavado, a pesar de medir
solamente unos tres centímetros de ancho. Nos llevaba a todos los de la
cuadrilla con una cuerda larga en carros remolcados (cuando tocaba subir o
llanear no pasaba nada, pero cuando íbamos cuesta abajo, o venían curvas, como
el carro corría más que la bici, e iba para donde quería, nos dábamos unas
hostias de espanto). Andaba con la rueda delantera levantada cualquier
distancia que le marcáramos, y bajaba con ella a Logroño, como si tal
cosa, a comprarnos los últimos discos que habían salido al
mercado. Además de todo esto, participó en varias ocasiones en “La Vuelta Ciclista a La Rioja ”, antes de abandonar
el ciclismo, totalmente desilusionado. Cuando le compraron la moto de trial
(una Montesa, creo que era), las hazañas fueron aún de mayor calado. Baste con
decirles a ustedes, que de no haber tenido farolas el Puente de Piedra, sin
ningún género de duda, por sus barandillas lo habría cruzado. Con esta moto,
además de ponernos a todos los de la cuadrilla los pelos de punta viéndole
subir y bajar por nuestros montes del modo más temerario, participó en
bastantes campeonatos de trial, celebrados en el País Vasco. Y he de decirles,
a renglón seguido, para que nadie pueda decir que por ser amigo mío el relato
está falseado o adornado, que en ninguno de ellos se alzó con la victoria, por
más que ello nos hubiese gustado. Después se compró una Bultaco “Metralla”, que
sólo el verla nos causaba espanto. Esta moto era capaz de ponerse con una
rueda, si al meterle la cuarta no soltabas el embrague con mucho cuidado. Tanto
era así, que a pesar de ser él un motorista avezado, en una ocasión, cuando se
le gripó yendo a toda leche por los caminos que conducían a Haro, se pegó
semejante hostia con ella, que por poco se nos marcha al otro barrio.
Finalmente, cuando su padre le dejó coger el “Gordini”, nos llevaba por esas
carreteras de Dios, a toda la velocidad que podía coger semejante cacharro (le
llamaban el coche de las viudas), tomando todas las curvas de lado, sobre todo
cuando nos subía a Valvanera, que terminábamos todos, además de mareados, con
los pantalones mojados. ¡Cómo coño no nos habremos matado! Pero dejando aparte
bicicletas, carros, Montesas, Bultacos y “Gordinis”, para que vean que no les
mentí cuando al principio les dije que siempre tuve muy claro que el futuro de
Guzmán era el de ser mecánico, he de decirles a ustedes, amigos lectores,
poniéndole así fin al relato, que por más que su padre se empeñó en que
aprobara el “ingreso”, para que pudiera hacer después el “bachillerato” (antes
se llamaban así), para que hubiese podido ser arquitecto, médico o abogado, él,
sabedor de que en esta ciudad quien no estudiaba trabajaba, jamás quiso
aprobarlo. Y hoy, lejos de ser “un calamidad”, tal y como le pronosticaban
entonces en nuestra ciudad a quien no estudiaba, Guzmán es un señor Industrial
del Automóvil, además de un gran mecánico.
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Eusebio Hervías del Campo
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domingo, 29 de diciembre de 2013
Inauguración de "La Salera".
En esta fotografía de la Inauguración del Campo de Fútbol “La Salera”, en
el año 1967, también hay cosas curiosas. Soslayando el saque de honor, y el
porte distinguido de Felipe Marijuán, tenemos entre los aficionados a dos que
ese día les querían tocar los cojones al resto. Me refiero, evidentemente, al
del paraguas y la chaqueta –aparentemente estaba un día espléndido- y al que
quería tapar con la suya el único anuncio legible: El del jocoso Maisi “el
pintor”. ¡Que ya son ganas de joder la flamante inauguración! Me imagino que de
los que aparecen en esta fotografía fuera del campo habrán muerto casi todos ya.
Pero yo quiero centrarme hoy en el ingenioso Maisi “el pintor”. Este popular
najerino tenía unas dotes especiales para hacer chistes de todo. -Todavía andan
por ahí unos programas de fiestas escritos por él, que te desternillas de risa
leyéndolos.- Voy a relataros una anécdota ocurrida hace más de cincuenta años
en el surtidor de gasolina que había junto al Restaurante Las Pericas -el que a
finales de los años sesenta llevamos mi bienamado padre y yo- entre un
camionero de Madrid y él. Como todos vosotros sabréis –hasta hace cuatro días aún
estaba en la Serrería Ochoa el cartel de: “Hay carga para Madrid”-, los
camioneros que venían a nuestra ciudad a descargar mercancía, intentaban
cargarlos de nuevo aquí, de lo que fuera, para hacer así dos portes a la vez.
Pues bien, una mañana de verano, el camionero de Madrid paró en la gasolinera
para preguntarle a alguien si había carga para Madrid, con tan buena –o mala-
suerte que fue a dar con Maisi “el pintor”, y el pobre camionero, dirigiéndose
a él, le dijo: “¡No sabrá usted si hay aquí carga para Madrid!” A lo que Maisi,
todo serio, le contestó: “¡Pues carga no lo sé, pero si quiere usted cabrones,
ahora mismo le lleno el camión!” El
camionero, tras escuchar tan singular contestación, más blanco que la leche, se
subió al camión, lo arrancó y se marchó. Desde entonces, los que conocemos la
anécdota, cuando nos cruzamos por la calle nos decimos: “¡Hay carga para
Madrid!” Y nos contestamos: “¡Lo que no hay es camiones suficientes para llevar
a tanto cabrón!”
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Eusebio Hervías del Campo
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