miércoles, 7 de octubre de 2015

¿Te la vas a perder?


Mañana jueves, 8 de Octubre de 2015, a las 20’00 horas, organizada por el Ayuntamiento de Nájera, se celebrará en el salón de actos del Najeraforum una Charla-Coloquio en la que el najerino Rubén Ladrera Fernández, Doctor en Ciencias Ambientales y socio de la Fundación Nueva Cultura del Agua, nos hablará sobre los principios básicos a considerar antes de intervenir en el río Najerilla a su paso por nuestra ciudad. Esta charla se enmarca dentro del proyecto de Jaime Bravo Barriuso de crear una mesa de la que formen parte la CHE, Medio Ambiente, ecologistas, pescadores y políticos, principalmente, para sentar las bases de las actuaciones que haya que llevar a cabo en el futuro en nuestro querido río Najerilla. ¿Te la vas a perder?

martes, 6 de octubre de 2015

Agua que no has de beber...


Déjala correr. Los vecinos de Zabaleta se preguntan por qué no mana agua por el caño de la “Fuente del Desmayo”. Según sus palabras, manaba en abundancia hace ahora exactamente un año.

domingo, 4 de octubre de 2015

¡La Feria desaparece!


    La Feria de Maquinaria Agrícola, Industrial y Automoción de Nájera desaparece. Así de grave está el asunto. Cuando acudí a la feria ayer por la mañana para hacer unas fotografías, se me cayó el alma al suelo. Daba pena contemplar el desolado paisaje que ofrecía lo que pudiera -y puede- ser un gran acicate para sacar a nuestra ciudad de su estado agonizante. Y esto no se puede ni se debe tolerar. Los nuevos gobernantes tienen que hablar con los expositores; preguntarles cómo y cuándo quieren exponer sus maquinarias, coches y tractores; qué inconvenientes tienen; cómo pueden estimularles… Y los anteriores tienen que acabar inmediatamente con la abyecta política de “no importarles quedarse ellos ciegos si dejan tuerto al contrincante”. Aquí nos jugamos mucho todos. Incluso los que ahora mismo no tienen ni para comer caliente. A todos nos interesa que acudan a nuestra ciudad miles de visitantes. Esto tiene que acabar. Nuestros valientes y generosos industriales se han cansado ya, y no volver más a la Feria planea ahora mismo por sus mientes.
Terneras asadas. Que lo que digo es cierto, lo demostró ayer el entusiasta e imaginativo hostelero José Manuel Hidalgo Besga, “Manolo”, con sus dos terneras asadas, servidas de un modo magistral por el C. D. Náxara. Una muchedumbre abarrotó la ribera para saborear tan exquisito -y abundante- manjar, y, además de venderlas enteras, creando un ambiente envidiable, la gente no pudo ni tomarse un café después, porque estaban repletos todos los Restaurantes y Bares. Como podéis ver, todos ganan cuando alguien atrae a la gente. Así, pues, no cabe otra que darles un suspenso a los políticos, y a los hosteleros e industriales najerinos un sobresaliente.

sábado, 3 de octubre de 2015

Las Ferias. (y 2)


    Después de contemplarlas largo rato, nos dirigíamos a las choperas a fabricárnoslas nosotros mismos con ramas de chopo que pelábamos intercaladamente para dejarlas a rayas, como las que no habíamos podido comprar, y nos íbamos ufanos por todo el ferial imitando a los tratantes, personajes carismáticos tocados con guardapolvos negros y temibles trallas. Cuando habíamos recorrido una y mil veces la feria y habíamos cerrado millones de tratos -esto era de mentirijillas-, nos íbamos a comer más contentos que chupín, para volver a salir -en esta ocasión a la Calle Mayor y sus traseras- a contemplar ensimismados los expositores repletos de juguetes colgados en barras de hierro y en los engalanados escaparates, que los comerciantes habían colocado a modo de reclamo, y a visitar a los barquilleros, tomboleros, jugadores, charlatanes y demás personajes que hacían nuestras delicias con aquello de: “Siempre toca, “hay barquillos”, “pruebe su suerte”, “paquete de tabaco a quien tire las tres cajetillas”, “si me compra esto, le doy esto y esto y esto más de regalo”… Los mayores -qué suerte tuvieron los picarones- tenían cine, teatro, pelota, baile, bares y todo aquello que podían desear, durante todos los días de la Feria. No obstante, a pesar de ser para nosotros prohibitivo todo aquello, era tan hermoso, majestuoso e impresionante lo que teníamos en la calle, que no lo echábamos de menos. Cuando yo vivía al lado del Cine Doga, en la calle Cuatro Cantones, y mi habitación daba al patio que separaba la antigua cárcel, hoy Museo Arqueológico, en estas fechas siempre oía llamadas lastimeras de algunos borrachos que, tras haber sido detenidos  por sabe Dios qué causas, se acordaban por las noches de sus mujeres o de sus madres. Cuando las ferias terminaban, nuestra ciudad quedaba totalmente vacía y melancólica, ya que pasábamos de golpe de la juerga y el bullicio, a la soledad, a la escuela y al frío.

viernes, 2 de octubre de 2015

Las Ferias. (1)


    Si algo hubo en nuestra maravillosa infancia que nos llamara la atención de verdad, hasta el punto de sobrecogernos por el impacto que causaba en nosotros, eso fue sin duda alguna la celebración de las Ferias de San Miguel, que tenían lugar del 29 de Septiembre al 3  de Octubre, y congregaban en nuestra ciudad a millares de visitantes de todo el país. Era tal la afluencia de ganaderos, labradores, granjeros, tratantes, tomboleros, barquilleros, charlatanes, jugadores y todo tipo de negociantes, que nuestras madres no nos dejaban salir solos de casa -normalmente, estábamos todo el día en la calle- por temor a que nos perdiéramos entre tanta muchedumbre, o nos raptase algún feriante. Algunos tratantes llegaban a nuestra ciudad unos días antes para buscar cobertizos donde guarecer a sus mulas, caballos, asnos, vacas, cabras, ovejas, cerdos, yeguas, novillos y otros animales, y elegir, de paso, dónde podrían venderlos mejor. Los guarnicioneros llevaban muchos días ya haciendo collarones, albardas, cinchas, alforjas, lomillos, ramales y toda clase de útiles para la ganadería, así como acopio de escobas de brezo, bolas de sal, bozales, varas, cachavitas de madera y las famosas y temibles trallas de los tratantes. Los comerciantes, por su parte, se afanaban en desempolvar cientos de juguetes guardados en las trastiendas de años anteriores, y en desembalar los nuevos para exponerlos en sus tiendas lo más llamativos posible -los feriantes venían cargados de dinero y había que aliviarles el bolsillo.- Y así, tenderos, carniceros y hosteleros se cargaban de provisiones para cuando llegara el acontecimiento. Todo esto ocurría porque en aquellos tiempos apenas había medios de locomoción y los inviernos solían ser muy rigurosos, lo que hacía que muchísima gente de los pueblos limítrofes -sobre todo los serranos- aprovechara la visita para comprar lo necesario para el resto del año -sin olvidarse de los “Reyes Magos”-, por no venir a nuestra ciudad nada más que en Ferias, hecho que dio en llamarse “feriarse algo”. Y, claro, aunque nosotros sí íbamos a tener “reyes” en su tiempo, también queríamos que nos feriasen algo. ¡Faltaría más! El marco en el que se desarrollaba la Feria era de lo más bucólico que imaginarse pueda: Paseo, choperas, alamedas y el mismísimo lecho del río, como muestra la fotografía. La carretera actual del Paseo, que entonces era de tierra, se llenaba por completo de caballos, yeguas, asnos y mulas, desde el Bar Franco hasta la Fuente de La Estacada, atados a los alambres que atravesaban los maderos clavados en el suelo para hacer de puntales, que los tratantes vendían a los agricultores después de haber realizado de la consabida prueba de fuerza: arrastrar largas distancias un carro de llantas con el freno echado, y de haber examinado minuciosamente la dentadura del animal, que como no era regalado, sí que había que mirarle el diente. Los asnos se libraban de la prueba de fuerza pero eran examinados con muchísimo más rigor, cosa que no les servía de nada a los incautos compradores, porque los gitanos -verdaderos genios en el arte de vender “burros falsos”-, durante el trato conseguían que hicieran maravillas, pero luego, en casa del labrador, no había forma de moverlos.

Que nadie haga planes para el sábado...

porque quedamos en la hermosa ribera del Najerilla, antes, durante y después de la Feria, para que nuestros hijos disfruten de los hinchables, patrocinados por Gominolo, Manolo y Fran, y nosotros de las dos terneras que nos va a asar Manolo, y nos van a servir directivos, socios y jugadores del Náxara. ¿Hay quien de más?