El Día de las Paellas siempre ha sido el ojito derecho de nuestras fiestas. Quizás sea porque, libre de protocolos, discursos políticos y solemnidades religiosas, nos regala el placer absoluto de adueñarnos de la calle de sol a sol. Todo comienza bien temprano. La mañana despierta entre el crujido de la leña, el aroma del arroz y los debates sobre el punto exacto del pollo, el conejo y esos condimentos secretos con los que cada cuadrilla aspira a rozar la gloria del primer premio. Mientras el fuego hace su magia, llega el momento sagrado del almuerzo: un abundante tentempié para abrir boca y compartir las primeras risas del día. Todo ello amenizado por Disco-Dido. Luego, con el veredicto del jurado en el bolsillo -haya habido suerte o no, la fiesta se dispersa. Las paellas se mudan a los chamizos, a la sombra fresca de las choperas o al encanto de las bodegas para disfrutarlas en la mejor compañía. Entre tanto, los grandes maestros culinarios, con Javi Arenzana a la cabeza, obran el milagro: preparan siete u ocho paellas gigantescas para que más de medio millar de najerinos se regalen el paladar. Una liturgia del sabor que se acompaña, como manda la tradición, con pan, agua, buen vino y un helado para endulzar el final. Pero el día no acaba con el último bocado. Las sobremesas se vuelven eternas, intensas y vibrantes, diluyéndose entre lingotazos de gin-tonic, cervezas frías y copas bien servidas. Y este año, para que el ritmo no decaiga antes de que Puro Relajo y Pura Verbena pongan el broche de platino a las fiestas con sus dos grandes conciertos, llega el "Tardeo de las Paellas". Una cita para grandes y pequeños cargada de juegos, desafíos, remojones para combatir el calor, un toro mecánico dispuesto a ponernos a prueba y un sinfín de risas en los hinchables. Con los amigos, el estómago lleno y la música a la vuelta de la esquina… ¿se puede pedir más?
viernes, 18 de septiembre de 2026
El día más sabroso.
jueves, 17 de septiembre de 2026
La Sinfonía de Santa María La Real.
Santa María La Real habita en un rincón sagrado de la memoria, allí donde el tiempo no se borra. Desde que mis ojos eran pequeños y la vida se medía en asombros, esta festividad ha encendido en mi pecho una pasión mística, un fuego que el calendario aviva cada año. Pero lo vivido hoy no ha sido una simple fecha; ha sido un milagro suspendido en el tiempo. El templo, majestuoso y centenario, se convirtió en un océano de almas que latían a un mismo compás bajo sus bóvedas de piedra. Allí, la Coral Najerense no solo cantó, sino que abrió las compuertas del cielo, prestando su voz a los ángeles para tejer una melodía celestial que envolvía cada rincón de la solemne liturgia. A los pies de la Virgen, las manos del pueblo -y las de los reyes de la fiesta- depositaron presentes cargados de devoción, ofrendas de amor que brotaban del corazón de Nájera. Al salir, la calle se hizo música. La magnífica Agrupación Najerense escoltó a las autoridades e inundó el aire con sus acordes perfectos, marcando el pulso de una procesión bellísima, casi irreal. A su paso, el Grupo de Danzas de la Peña Juventud dibujó en el suelo ritos antiguos y saltos de alegría, convirtiendo las esquinas en escenarios de pura tradición. El misticismo se hizo piedra y misterio cuando la procesión se adentró en el impresionante Claustro de los Caballeros. Bajo el encaje gótico de sus arcos, el silencio se rompió en pura emoción al llegar al hierbín central. Allí, al aire libre y arropadas por la historia, la Coral Najerense y la Agrupación Najerense unieron sus almas para hacer brotar el Himno de Nájera, una melodía que erizó la piel de los presentes, antes de estallar en la alegría compartida de una popular jota que resonó en cada rincón del monasterio. Llegó después el baile vermú, ese instante de luz y reencuentro que supo a gloria. En la Plaza de España, el eco de Twin Room se adueñó del mediodía. Su soberbia vocalista, en un gesto de cálida complicidad, descendió del escenario para fundirse con el público en una comunión perfecta de música y sonrisas.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
San Juan Mártir: Un día de «Manumento»
El día de hoy quedará grabado en la memoria como una jornada sencillamente inigualable, un día de auténtico «Manumento». Nájera se ha vestido de gala para honrar la festividad de San Juan Mártir, celebrada con el esplendor y la solemnidad que merecen nuestras tradiciones más queridas. El cortejo comenzó abriéndose paso con el alma de nuestra tierra: la Agrupación Musical Najerense, que escoltó con paso firme y marcial a las autoridades hacia la Real Capilla y Parroquia de Santa Cruz. Poco después, bajo las bóvedas del templo, se obró el milagro de la música en una misa solemne, bellamente coronada por las voces celestiales de la Coral Najerense. Las reliquias de los santos, portadas en andas con devoción, recorrieron el corazón del casco antiguo, inundando cada rincón de misticismo antes de regresar al templo bajo el amparo de las notas de la Agrupación. Tras el fervor religioso, la Agrupación Musical volvió a guiar a las autoridades locales y regionales hasta las puertas del Ayuntamiento, obsequiándonos allí con dos piezas magistrales. Sin embargo, el clímax de la mañana estaba por llegar. Su director, Manuel Gil -artífice indiscutible del cariñoso juego de palabras «Manu-mento»-, se puso al frente de sus músicos para regalarnos un concierto vermú memorable, una exhibición de talento que nos erizó la piel. ¡Qué virtuosismo! ¡Qué entrega tan absoluta en cada nota! La jornada continuó su ritmo frenético con la llegada del gran camión de la orquesta vespertina, cuyo desembarco de luces y sonido nos obligó a despejar la Plaza de España para abrir paso a la magia de la tarde. Mientras tanto, el paladar también tuvo su propio festejo: la Peña Juventud nos deleitó con unas brochetas magistrales, bendecidas por la sazón inconfundible y el arte culinario del gran «Clavelina». Como podéis comprobar, ha sido una de esas jornadas benditas, un día cumbre difícil de superar. En definitiva, amigos... ¡un día de absoluto Manumento!
