martes, 9 de octubre de 2018

Desasosiego.


Esto es lo que siento en el octavo aniversario de este blog. Lo que está ocurriendo ahora mismo es gravísimo. Y no por el lamentable estado en el que se encuentra nuestro pueblo. Sino por el tratamiento que los gobernantes están dándoles a ciudadanos indefensos. Nunca jamás había alcanzado cuotas tan altas de abyección nuestro Ayuntamiento. Los najerinos son maltratados, injuriados, humillados, calumniados, zaheridos, ignorados, amenazados… La transparencia y los buenos modos han sido barridos de un soplo. Y en su lugar, la soberbia y el despotismo se han instalado como dueños en la que debería ser “la casa del pueblo”. Y lo más preocupante de todo no es que los ciudadanos tengan miedo -siempre lo han tenido-, sino que sientan, como sienten, odio. Que tres gobernantes -uno de ellos reprobado- hayan creado en nuestra ciudad odio, es algo que debería causarnos desasosiego a todos.

domingo, 7 de octubre de 2018

Pobladores de nuestras calles.


En mi infancia era frecuentísimo encontrarte por la calle a lecheras, panaderos, repartidores de bebidas y paquetería, vendedores de cisco, al azafranero… Los más madrugadores eran los panaderos que, portando cantidad de barras de pan en un carro pequeño con un gran cajón de madera, iban repartiéndolo bien de mañanita por casas, bares y comercios. Y aunque había varios, yo recuerdo especialmente a Juan Cruz Ojeda, “Carriola”, del que llegué a ser buen amigo, que todos los años por carnaval, no sé por qué razón, me obsequiaba con un bollito de pan con chorizo dentro. Después eran mi querido y añorado Amigo José Ramón Bernal y Rufino, “el campiñarri”, los que iban repartiendo por los bares de la ciudad, el primero con una rudimentaria carretilla de madera con una rueda de hierro, las barras de hielo que hacían en la fábrica de gaseosas del señor Eusebio, y el segundo, las cajas de cervezas y refrescos que su jefe, Ignacio, le cargaba en un carro pequeño. A cualquier hora de la mañana o de la tarde, podías tropezarte con los señores Alfonso y Valentín, repartiendo en pequeños carros, también, la paquetería que los autobuses de Angulo y Guinea, principalmente, habían dejado amontonados en la balaustrada del puente de piedra, frente al Bar Royalty, que era donde tenían la parada, por tiendas y comercios. Las lecheras solían repartir por la tarde, portando la leche en un pequeño carrito de ruedas de goma, en el que llevaban, además de las candajas -cuatro creo que eran-, toda clase de medidas, con aquellos cazos tan curiosos. Iban de portal en portal, avisando a viva voz a sus clientas, y, por lo común, apuntaban en una libreta la cantidad que le habían depositado en el cueceleches a cada una de ellas, porque compraban al debo. En otoño, eran los vendedores de cisco los que transitaban nuestras calles, llevando del ramal a una mula cargada con cuatro sacos de cisco, que intentaban venderles a buen precio a nuestras madres, para calentar el brasero en invierno. Estos personajes nos llamaban muchísimo la atención, porque iban siempre totalmente negros. También en otoño caminaban por nuestras calles, sobre todo donde había bodegas o envases, los vinateros, con aquellos pellejos de vino que a nosotros se nos antojaban cerdos, apoyados en una hombrera de cuero, superpuesta en una camisa azul, que, al parecer, era el uniforme de los de ese gremio. Y en cualquier época del año, podía aparecer el azafranero, un hombre alto y fuerte, con un traje de pana marrón, que portaba en sus grandes manos una cajita pequeña de hojalata, atada con una tira de cuero que le servía de asa, donde llevaba los hilitos de azafrán y una minúscula báscula con sus diminutas pesas, para pesar, si es que vendía, el azafrán, un producto prohibitivo para todos nosotros, porque era más caro que el mismísimo oro. A afiladores llegados de Galicia a afilarles a nuestras madres cuchillos y tijeras, y a las pescateras y carniceros los cuchillos y machetas de cortar pescados y chuletas. Al ajero, aquel señor que portaba en sus hombros las ristras de ajos. Al difunto Pedro Nájera y su hijo Santos, que recorrían nuestras calles vendiendo pan y refrescos, en una curiosa bicicleta de tres ruedas, que portaba en la parte delantera un gran cajón con una barra de hierro que hacía de manillar. Y, finalmente, quiero añadir, también, al padre de mi cara Amiga Sara, repartiendo el pan de la Panadería Ochoa por los pueblos, con un motocarro pequeño.

viernes, 5 de octubre de 2018

Balance de Alternativa Najerina.


Tras abandonar el Equipo de Gobierno, Alternativa Najerina, a través de una Nota de Prensa, hace balance de los tres años y medio de participación en el gobierno municipal, destacando las siguientes actuaciones: Licitación de la nueva estación de bombeo de aguas residuales. Puesta en marcha del estudio para abrir las cuevas del Castillo. Estudio en curso para la apertura de las Siete Cuevas. Proceso para la colocación de un punto de carga doble para coches eléctricos. Prórroga del contrato de basuras, con ventajas que se sustanciarán a partir del primero de Enero. Renovación de contenedores y papeleras entre otras cosas. Elaboración del Plan Director de saneamiento y abastecimiento de agua. Obras de mejora de la red de abastecimiento e impermeabilización de los depósitos. Gestión de mejora y elaboración de proyectos en los caminos municipales. Puesta en valor del Parque Natural y colocación de paneles informativos, aunque lamentamos la falta de mantenimiento del entorno. Colocación de vinilos en las pistas de pádel para evitar la mortandad de aves. Elaboración de un proyecto de eficiencia energética en el alumbrado público, en poder del ayuntamiento. Hemos presentado un proyecto para la estabilización de las riberas con técnicas de bioingeniería, pagado con fondos de Alternativa Najerina. En Enero de 2016 devolvimos algo más de 1.000 euros a la cuenta del Ayuntamiento, como liquidación del 2015. Por otro lado, lamentamos el rechazo del resto de los Grupos Políticos Municipales al reglamento presentado por la intervención municipal para la fiscalización del dinero que reciben éstos de las arcas de todos los najerinos. Lamentamos, también, la demora, presumimos que injustificada, en la ejecución de las obras de la estación de bombeo de aguas residuales. Denunciamos la falta de miras del Partido Socialista para identificar los problemas y plantear soluciones a los mismos. Claro ejemplo: Peñaescalera. Por último, nos gustaría expresar nuestra preocupación por la lamentable imagen que el consistorio local está dando tanto en Nájera como en nuestra comunidad autónoma con denuncias infundadas, como ha quedado demostrado, y la reprobación de un concejal por parte del pleno, caso único en nuestra historia.

miércoles, 3 de octubre de 2018

El comedor escolar.


Quedarse a comer en el comedor escolar era un auténtico chollo. Además de comer de primera -mi querida y admirada Esme siempre me trató cual si fuera hijo suyo-, como lo hacías allí mismo, tenías un montón de tiempo extra para jugar o hacer lo que quisieras antes de entrar a la escuela por la tarde. Dependiendo de la estación del año, lo utilizabas en jugar allí mismo, en bañarte en La Playa, en pescar cangrejos, o en explorar huertas en busca de fruta fresca, o choperas en busca de tréboles de cuatro hojas. Todo menos acordarte de la escuela. La comida la hacía la Esme en la casa que había donde la leñera, y no sé porqué extraña razón, no siempre la servían las mismas personas -al parecer acudían allí chicas jóvenes a hacer el obligado “servicio social”-, aunque después de los años, he sabido por algunas de ellas, que tenían orden de echarnos más comida a mis compañeros y a mí, que al resto de los colegiales que ocupaban las demás mesas. El menú estaba compuesto de un primer plato: pasta, sopa con garbanzos, verduras y legumbres; un segundo: carne y pescado; y el postre: una pieza de fruta, naranjas y manzanas principalmente. Y para beber, una jarra de agua corriente, que no mata a la gente. Nos sentábamos cuatro niños en cada mesa, y podría haber unas veinte. A nuestro cuidado siempre se quedaba una maestra, que comía allí con nosotros, en una mesa aparte, y que yo recuerde, las que se encargaron de ello mientras yo estuve, fueron doña Aurora y doña Enriqueta. En diciembre, unos días antes de las vacaciones de Navidad, nos hacían una comida especial, y nos daban doble ración de postre. Después, sin saber ahora mismo el porqué, el comedor escolar se cerró para siempre. Desconozco los entresijos que tenía su funcionamiento, pero puedo decirles a ustedes, amigos lectores, que tratándonos como nos trató, seguro que perdió dinero mi querida y admirada Esme. Y sin movernos de la época ni del lugar, les contaré a ustedes, que aprovechábamos el tiempo, también, para buscar horcas de avellano con las que hacernos los famosos tiragomas, ya saben: la horca, dos gomas largas atadas a ella, con un trozo de cuero al final, que era donde se ponía la piedra, para cazar pájaros -qué ilusos-, o librar los cruentos ataques, de los que, obviamente, siempre salíamos indemnes. Para ir donde Isidoro a por azufre para mezclarlo con una pastilla que previamente habíamos comprado en la farmacia -ahora mismo no recuerdo cómo se llamaba-, y, tras colocarle una piedra plana encima, pisarla con fuerza para provocar una explosión enorme. Para hacer acopio de pica pica -semillas de los Plataneros-, para metérsela por el pescuezo a nuestros compañeros en plena clase. Y para huir del temible Lubumba -un forestal que hubo en Nájera, que llevaba escopeta-, cual si fuera la misma peste.

martes, 2 de octubre de 2018

Las pensiones no son para nosotros.


Ayer por la tarde había convocada una nueva concentración en la Plaza de España de Nájera a la que, como ocurre siempre, no acudió casi nadie. El lema de la concentración era “Por los derechos de los mayores, gobierne quien gobierne, las pensiones se defienden”. Pero ni por esas. Y es que los convocantes siguen sin darse cuenta de que eso de las pensiones no va con nosotros. Eso es para los vascos, los madrileños, los valencianos… A los najerinos el futuro nos importa un par de cojones. A qué vamos a acudir a esas concentraciones, si no nos importa ni el presente.