lunes, 14 de septiembre de 2026

El eco de los ángeles en Santa María La Real: un broche de oro inolvidable.

Anoche, el Monasterio de Santa María La Real no solo acogió un concierto; se convirtió en el epicentro de una emoción compartida. Bajo sus bóvedas sagradas, con una iglesia abarrotada y expectante, la Escolanía de La Rioja fue la encargada de tejer el broche de oro para el ciclo Culto y Cultura 2026. Lo que vivimos allí no fue una simple clausura, sino un auténtico viaje hacia la belleza. La puesta en escena fue sencillamente espectacular. Sobre las tablas, una treintena de jóvenes -voces femeninas en su mayoría, entrelazadas con la frescura de algunos muchachos- obraron el milagro. Bastó que rompieran a cantar para que el vello se erizara al unísono en el templo. Hay momentos en los que la música deja de escucharse con los oídos y empieza a sentirse directamente en el pecho; anoche fue uno de ellos. Uno de los instantes más mágicos y vitoreados de la velada llegó con los dúos. El templo contuvo el aliento cuando alzó la voz nuestra querida y admirada Isabel, de la Coral Najerense. Su intervención, cargada de maestría y afecto, elevó aún más los corazones de los asistentes. Más de cinco décadas de alma coral. Guiados por la mano firme y sensible de Elvira Guarás González en la dirección, y arropados por las manos magistrales de Jesús Gómez de Segura al piano, la Escolanía demostró el porqué de su prestigio. Fundada en 1968, esta institución lleva más de medio siglo custodiando y exportando el patrimonio coral de nuestra tierra, brillando con luz propia tanto en escenarios nacionales como internacionales. Su repertorio de anoche fue un testimonio de esa versatilidad: un viaje impecable que acarició la polifonía clásica, se fundió con el misticismo de la música religiosa, abrazó las raíces del folklore y desafió al tiempo con la creación contemporánea. Dicen que cantar como los ángeles es solo una forma de hablar. Sin embargo, quienes abarrotamos la iglesia sabemos que anoche esa metáfora se vistió de realidad. Gracias a estos treinta jóvenes por regalarnos un cierre de Culto y Cultura de auténtico lujo. Un recuerdo que se queda a vivir para siempre en los muros de Nájera.

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