sábado, 8 de agosto de 2015

Ni la pertinaz lluvia pudo con ellos.


    A pesar de no dejar de llover durante todo el concierto, los “Chiguitos de Marcelino” nos mantuvieron a todos los que abarrotábamos las terrazas del Kien y Los Parrales en nuestros asientos. Fue un concierto magnífico, con un variado y exquisito repertorio, en el que tuvieron mucho que ver las incorporaciones de Juan y Antonio. Cuando terminaron los “Chiguitos”, fue Antonio Azofra quien se encargó de hacernos pasar una hora deliciosa, recordándonos con sus canciones nuestros mejores tiempos. ¡Que se repita, Manolo!

Fiesta de la Ciruela Reina Claudia en Nalda.

    Mañana domingo, 9 de Agosto, se celebrará la fiesta de la Ciruela Claudia Reina, organizada por PANAL y la Cooperativa de frutos del Campo. Los organizadores os esperan con ciruelas, migas de pastor, postres caseros, licor de pasa, asados al sarmiento y muchas cosas más que podéis ver en el cartel. Además os invitan a que os unáis a su desafío abejas con el lema "LAS ABEJAS PATRIMONIO DE TODOS", y hagáis más presentes que nunca a las abejas en las redes sociales y compartiendo esta información. Así que ya lo sabéis: Este domingo, 9 de agosto, os esperan a todos en Nalda.

viernes, 7 de agosto de 2015

Aparatoso incidente.


    Esta noche, a eso de las tres y media, el conductor de un vehículo que venía de la huerta de regar, al movérsele un bolso del asiento del coche e ir a cogerlo, ha chocado contra un bolo y una farola del Puente de Piedra. Afortunadamente, a pesar de lo aparatoso del incidente, todo ha quedado en un susto.

jueves, 6 de agosto de 2015

Los Chiguitos de Marcelino en el Kien.


     Mañana viernes, a partir de las 10’30 de la noche, “Los Chiguitos de Marcelino” actuarán en la terraza del Kien, ubicada en la maravillosa ribera del río Najerilla. En esta ocasión, además del gran cantante Antonio Azofra, colaborarán con ellos dos grandes Músicos de la Orden de la Terraza: Juan Hermosilla y Antonio Cerrajería, por lo que la velada será, sin duda alguna, una auténtica delicia.

Deberes para estas vacaciones. (7)


    Un problema bastante serio, y sencillísimo de resolver sin gastar un solo euro, es obligar a los dueños de los solares a limpiarlos. Estos de la calle Samaniego, concretamente, son un auténtico criadero de ratas. Tanto es así, que nos suben a las terrazas. Espero y deseo que el nuevo Ayuntamiento nos dé soluciones y no largas.

martes, 4 de agosto de 2015

Miscelánea de aventuras.


    Queridos Cantores, ya que así lo sugirió el “Guardabosques”, a partir de este mes os voy a ir colgando quincenalmente un artículo de mi libro “Recuerdos de infancia”, para que conozcáis cómo ha sido mi vida desde chiquitito en esta otrora maravillosa ciudad llamada Nájera. Comienzo hoy, 4 de Agosto, con “Miscelánea de aventuras”.
    “Desde bien chiquitito, cuando emulando a mi padre (por aquel entonces era albañil), me subí al tejado con una nevada cojonuda a limpiar la chimenea, ya dejé bien claro que mi vida no iba a ser un camino de rosas. En aquella ocasión, la intervención de mi vecino Ventura (que en gloria esté), que le tapó la boca a mi madre cuando se disponía a chillarme, y me hizo volver engañándome con un caramelo o cualquiera otra cosa, hizo, sin duda alguna, que yo pueda estar hoy aquí, hablándoles a ustedes de estas cosas./ A nada que mis padres se descuidaran y me soltaran de la mano cerca del río Najerilla, ya estaba yo metido en él, con el agua hasta el culo, cogiendo “paris-paris” o cucharetas, mientras los “revicandiles” pasaban a mi lado altaneros, revoloteando entre las blancas y aromáticas flores de las berlañas, meneando rítmicamente su larguísima cola./ Cuando jugábamos en la calle Samaniego a montarnos en los carros que para llevar los muebles tenían las carpinterías en sus puertas, o a correr por el tejado de la COEGI (Cooperativa de Obreros Ebanistas Girón), todas las puntas que había por el suelo, que eran muchas, eran para mí y, consiguientemente, también para mí eran todas las inyecciones del tétanos que tenían los practicantes Francisco Virto y Miguel Ángel Yécora, que en gloria estén./ Una de las muchas veces que fuimos a robar cerezas al cerezo que en una huerta de esa misma calle tenía el señor Timoteo Magaña no se me ocurrió otra cosa que ponerme a defecar mientras los demás se atracaban de ellas, y como de niños para hacer eso te quitabas del todo el pantalón y el calzoncillo, al salir de su casa el señor Timoteo (vivía allí mismo) alertado por el ruido, y comenzar a gritarnos y a corrernos, tuve que irme a mi casa cagando leches y en pelotas./ Cuando alguna vez pasaban camiones por nuestra ciudad (menos mal que eran pocas) y jugábamos a engancharnos a ellos para vivir la aventura de viajar sin pagar, siempre me caía, hincándome de morros en el suelo cuando me soltaba, acojonado por la velocidad que iba tomando al bajar alguna cuesta./ El día de mi Primera Comunión, nada más salir de misa, sin esperar siquiera a recibir los regalos de mis familiares, me fui con Paraguayín al Pozo del Coco a mirar la botella que habíamos echado la tarde anterior (antes pescábamos bobas con las botellas de champán, rompiéndoles el culo, que lo tenían hacia adentro y estrechito, y metiéndoles dentro migas de pan), y me caí al río, fastidiándoles a todos la fiesta, por tener que irme más que a escape a casa para cambiarme de ropa./ Siempre que me metía descalzo al río Najerilla a pescar a mano, me hacía una “javetada” profunda con alguna hojalata o algún cristal (desalmados ha habido en toda época). Menos mal que en una ocasión, cuando pescando a mano descubrí una bomba de aviación en una de las cepas del Puente de Piedra, se me ocurrió avisar a la Guardia Civil en lugar de cogerla, porque de haberlo hecho, vista mi trayectoria, seguro que me explota./ Si me tiraba al río desde lo alto de alguna mimbrera, calculaba mal la profundidad y me daba una morrada cojonuda con las piedras./ Si era por un patinete de los que hacíamos en las faldas del Castillo, venía a resultar que mi tabla tenía una punta y me hacía un siete en el pantalón corto de tergal al final de la cuesta./ Si se escapaba alguna piedra en las batallas que a pedrada limpia preparábamos, iba derechita a mi cabeza…, y así un sinfín de aventuras más que, aunque a ustedes les hagan pensar lo contrario, no cambiaría por lo más sublime que se pueda codiciar, tanto en esta vida como en la otra”.