El edificio número 10 de la calle San Jaime, que tantos problemas ha dado en los últimos 6, 7 años, tanto por los ocupas como por los vándalos, ha sido por fin derribado. Con este derribo, además de eliminar un peligro cierto -estaba medio hundido después de los tres incendios que sufrió, y era frecuentado por mocetes y mocetas los sábados, domingos y festivos-, se les ha hecho justicia a los propietarios que estaban pagando servicios municipales que no recibían: agua y alcantarillado. Aunque, a decir verdad, a los propietarios del bajo les han jugado una mala pasada, ya que hace años pusieron el tejado nuevo, y hace unos meses colocaron en la puerta tres cerrajas nuevas, por un importe de novecientos euros.
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