Se desborda el aroma del júbilo por sus cuatro costados, un clamor impaciente que estalla justo cuando el reloj acaricia las dos en punto de la tarde. En ese instante mágico, los reyes de la alegría lanzan al viento los cohetes anunciadores, rasgando los impolutos cielos najerinos con destellos de pólvora y libertad. Son horas de algazara y bullicio, tal como dictan las apasionadas palabras del Alcalde Jorge Salaverri, quien exhorta al pueblo a entregarse, sin reservas, al sagrado rito de la diversión. Después de arrojar cientos de caramelos y confeti desde el balcón del Ayuntamiento, la Peña Juventud inunda las calles con un pasacalles alegre y vibrante, un torrente de risas que contagia cada rincón, mientras las notas enérgicas de la Disco-Móvil Dido animan el vermú en una Plaza de España que late con música a todo trapo. Los bares, los restaurantes y las viejas callejuelas se transforman en un hervidero de cuadrillas unidas por el brindis y la complicidad; almas festeras que enlazan el día con el crepúsculo en un eterno café torero, dispuestas a prolongar la juerga hasta que la madrugada pinte las tres o las cuatro de la noche. Y es que las gentes de Nájera guardaban en el pecho un ansia contenida, unas ganas inmensas de abrazar, por fin, su fiesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario