Si facilitamos las cosas a los vándalos de Nájera, jamás lograremos acabar con el incivismo. Los contenedores de vidrio y de aceite deben vaciarse con mucha más frecuencia. Cuando se saturan, los usuarios -sobre todo los profesionales de la hostelería- se ven obligados a dejar las botellas y recipientes en el suelo. Esta acumulación en la vía pública se convierte en el blanco perfecto para los incívicos, que aprovechan para romper el vidrio, arrojarlo al río o derramar el aceite en la calle. Es evidente que una buena parte de este problema se solucionaría con algo tan sencillo como gestionar de forma eficiente el servicio de recogida, insistiendo a los responsables mediante una simple llamada telefónica.

