Ayer terminaron de retirar los troncos de los dos álamos blancos que el vendaval había dejado sentenciados. Como ya os dije el viernes pasado, uno de ellos estuvo a punto de hundir el tejado de los vestuarios de las piscinas de verano. Es una lástima tener que talar árboles tan sanos, pero cuando representan un peligro cierto, como era el caso, por más que nos duela, tenemos que aceptarlo.
“Los árboles son santuarios. Aquel que sepa escucharlos, aprenderá la verdad”. -Herman Hesse-