Aunque
todo hacía presagiar que la lluvia iba a chafarnos la fiesta, ayer disfrutamos
de un San Juan como los de antes. La jornada comenzó con la llegada masiva de
jóvenes de Logroño, a pasar el día en el yerbín de la ribera derecha del río
Najerilla, y el encendido de centenares de gavillas de sarmientos para asar las
sabrosas chuletas. El cielo estaba nublado, pero la temperatura era muy buena. Por
la tarde, después de dar alrededor del quiosco las tres ansiadas Vueltas,
Músicos y sanjuaneros nos encaminamos hacia la Plaza de España, permaneciendo
impertérritos ante la lluvia que comenzó a caer justo cuando partíamos. La cosa
no fue a más, y el número de sanjuaneros fue creciendo porque, además de
incorporarse este año un buen número de jóvenes del botellón, la temperatura
era perfecta para danzar y bailar sin sudar demasiado las camisetas. Después de
casi tres horas de divina algazara, sanjuaneros y Músicos llegamos a la Plaza,
donde estos últimos, con la generosidad que les caracteriza, nos tocaron de
nuevo las tres Vueltas, y otras coplas de propina, terminando a las 17’20 horas
la juerga. Poco después, la Peña Juventud realizó un animado pasacalle, como
los que nos hacían “Los del Té de las 5” y “Los que no se rinden” en los
sanjuanes de antes, hasta llegar a La Fábrica, donde se sumaron tantos jóvenes,
que hicieron imposible seguir recorriendo las calles. Después de este alegre
pasacalle, seguimos la juerga por los disco-bares, hasta bien entrada la noche.
A esto hay que añadirle que nos reencontramos con muchos familiares que viven
fuera y este año vinieron a dar las Vueltas, que los najerinos sacamos lo mejor
que llevamos dentro, y que el comportamiento de los Músicos fue de diez. ¿Puede
pedírsele más a esta bendita fiesta?
sábado, 25 de junio de 2016
Un San Juan como los de antes.
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Eusebio Hervías del Campo
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viernes, 24 de junio de 2016
Prioridades.
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Eusebio Hervías del Campo
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jueves, 23 de junio de 2016
De cómo fueron cambiando los sanjuanes.
Desde que el difunto Paco Luis diera en
abrir la Discoteca Dino en fiestas, los sanjuanes comenzaron a cambiar
aceleradamente, perdiendo para siempre jamás, aquel encanto tan especial que los caracterizaron,
por ser unas fiestas sin igual. Ya nadie se quedaba bailando y cantando por
todas y cada una de las calles de la ciudad, hasta hacer jirones la ropa y
desgastar las zapatillas de esparto de tanto brincar, disfrutando como locos
con los sones que incansablemente nos marcaban “Matías y su gente”, “Los del Té
de las Cinco” o la inigualable cuadrilla, “Los que no se rinden”, porque, casi
sin terminar de dar las vueltas en la Plaza de España, todos los jóvenes
marchábamos a casa más que pitando, a ducharnos y a comer, para echarnos la
siesta, y, una vez repuestos del cansancio, ponernos guapos e irnos al baile a
ligar. Y así, casi sin notarlo, cuando más resplandeciente estaba el impoluto
sol del recién estrenado verano, los jóvenes de mi generación nos encontrábamos
en la penumbra de la pista de baile del Dino, bailando suelto al son de “Lluvia
de primavera”, de Bebu Silvetti, y “El sonido de Philadelphia”, de MFSB y Three
Negrees”, que eran las que siempre nos ponían los discjokey al principio, para
ir calentando, mientras los diminutos círculos -¿o eran rombos?- luminosos que
por doquier salían diseminados de la grandes bolas de cristal que iluminaban
unos potentes focos, jugueteaban con nosotros recorriéndonos todo el cuerpo sin
cesar. Cuando la cosa se iba animando, para ir tanteando si teníamos o no el
plan asegurado cuando acabara el “suelto” y comenzara el “agarrado”,
comenzábamos a echarles el ojo a algunas de las chicas nuevas que a nuestro
lado se habían puesto a bailar. Pero lo cierto es que, mientras nosotros
estábamos dentro de la discoteca intentando ligar como un domingo o día festivo
más, fuera, muchos najerinos disfrutaban de suculentas meriendas, reunidos en
envidiable hermandad, en huertas, choperas, bodegas o cualquier otro lugar,
siguiendo luego la juerga, hasta que sus cuerpos ya no pudieran aguantar más.
En alguna ocasión, estos entusiastas sanjuaneros, ni tan siquiera se iban a
comer, y, una vez terminadas las vueltas en la Plaza de España, prolongaban la
fiesta en el mismísimo río Najerilla, metidos hasta el culo en sus frías y
cristalinas aguas, con instrumentos y todo, o en la explanada de la segunda era
del castillo, como una peculiar forma de protestar. Ninguno de ellos se quitaba
el atuendo, tantas veces sudado y mojado, como secado, de tanto bailar, con el
que habían iniciado la juerga bien de mañanita, almorzando chuletas asadas al
sarmiento en el cascajo, para, al igual que nosotros, ponerse guapos e irse a
la discoteca a bailar. Y si tenías suerte y ligabas, aún llevabas bien el
haberte perdido un día tan especial. Mas si no te comías un rosco, y te ponían,
además, la canción “Torneró”, de Santo California, que era de lo más triste que
podías escuchar, sentías ganas de darte
de hostias sin parar. Ahora mismo, me consta que sin darse cuenta de ello, los
jóvenes de nuestra ciudad, en lugar de apurar todas y cada una de las horas de
estos divinos días en los que, merced a los sones de las Vueltas, que tan
metidos en la sangre llevamos, y a los lingotazos de vino que entre pecho y
espalda nos metemos en los típicos almuerzos, para poder aguantar, aflora
generosa y desnuda toda la bondad que hay en nosotros, convirtiéndonos en los
hombres más desinteresados, solidarios, juerguistas y alegres del lugar, los
están convirtiendo en unos días de botellón más, acabando así, casi por
completo, con la magia de las fiestas de San Juan. ¿Recapacitarán algún día?
¡El tiempo lo dirá!
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Eusebio Hervías del Campo
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miércoles, 22 de junio de 2016
Nuestras fiestas de San Juan.
Un mes antes de que llegaran las fiestas de San Juan, ya estábamos toda
la chiquillería del pueblo silbándolas incansablemente, mientras nuestras
piernas temblaban arrítmicamente, y les habíamos enviado cartas a nuestros
familiares y amigos, invitándoles a que vinieran a pasarlas con nosotros. Para entonces ya habíamos hecho acopio de
paquetes de tabaco rubio: Tres carabelas, Camel y Bisonte, que habíamos ido
mangando donde la señora Ciriaca, y donde las hermanas Cerezo. Unas horas antes
del gran día, comprábamos atropellada y ruidosamente, botes de melocotón, pera
y piña en almíbar, y refrescos a tutiplén, para ir a merendárnoslos después de
las Vueltas, en cualquier huerta, chopera o en la Fuente La Estacada, hasta que
anocheciese. Cuando llegaba San Juan, día largamente anhelado y esperado por
todos nosotros, desde por la mañanita ya andábamos todo alborotados, observando
cómo los mayores se ponían morados de chuletas al sarmiento, con nuestras
viseras de cartón y nuestras trompetas de plástico, recién adquiridas en la
tenducha ambulante de “Revuelta”, feriante de Santo Domingo. Cuando comenzaban
las Vueltas, pletóricos de felicidad,
las dábamos bulliciosamente, sin atender mucho a los Músicos. Después, haciendo
grandes corros, nos dirigíamos, casi sin apercibirnos de ello, hacia el Puente
de Piedra, la Calle Mayor y la Plaza de España, cantando mil canciones del
folclore sanjuanero, totalmente ajenos a las notas de los Músicos. Cuando
llegábamos a la Plaza, nos tumbábamos en el abrasante suelo, y esperábamos a
que llegaran los mayores y los sufridos Músicos. Cuando lo hacían, dábamos otra
vez las vueltas, y nos marchábamos más que pitando a comer, para ir después a
dar buena cuenta de las frutas y de los refrescos. Y así pasábamos las fiestas
de San Juan, Cantores míos, cuando éramos pequeños.
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Eusebio Hervías del Campo
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martes, 21 de junio de 2016
El pecado original.
El fresco que el artista najerino, Antonio
Ballesteros, pintó en la fachada del Cinema Club, representa el pecado
original, según nos lo explicaron en la Escuela. Se compone de dos escenas
centrales de Adán y Eva: una, la de la parte izquierda, en el Paraíso terrenal,
y la otra, la de la parte derecha, fuera de él, representada por el trabajo:
“Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, y por el nacimiento de Caín:
“Parirás a tus hijos con dolor”. A cada uno de los lados del fresco se
encuentra uno de sus dos primeros hijos, Caín y Abel. El resto lo componen
serafines y genios de la música, asentados sobre cuatro columnas.
Desgraciadamente, desconozco si el fresco fue concebido por Antonio
Ballesteros, o por el arquitecto que diseñó el Cine. Nadie tiene constancia de
esto. No obstante, si no fue concebido por nuestro convecino, creo que, como
todo artista, en toda época, se permitió alguna licencia. Yo he visto muchas
representaciones del pecado original, y en ninguna de ellas existen músicos.
Esto puede significar dos cosas: una, que estén ahí porque iba a dedicarse a
Baile la parte de arriba, y otra, porque nuestro artista se negara a resignarse
a vivir -y hacernos vivir- “gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. Si
miráis -sin ampliar- la imagen en la que están fuera del Paraíso, o Jardín del
Edén, parece que Adán amenace con la hoz, con la que siega el trigo, a la serpiente que le hizo comerse la manzana, representada por la nube blanca que se
cuela por la rama baja del árbol prohibido. Seguro que examinando
exhaustivamente el fresco, encontraríamos alguna impronta más del artista
najerino. Pero eso queda ya para otro artículo.
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Eusebio Hervías del Campo
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lunes, 20 de junio de 2016
El resurgir del Cinema Club de Nájera.
El Cinema Club de Nájera, construido por el
maestro albañil, Ricardo Aranzubía -abuelo-, en la Calle Fermín Galán
-actualmente, Calle Mayor-, tenía 32 metros de longitud, 11 de ancho, y 7 de
altura, con retretes para ambos sexos, y un aforo de seiscientas personas.
Encima del hall estaba instalada la cabina de proyección y dos palcos. Y en la
parte de arriba, existía otro salón idéntico al de abajo, cuyo acceso se hacía
por una escalinata de granito, con grandes claraboyas, para que entrara luz y
aire, que sus dueños, Urbano García y Benjamín Domingo querían -y así lo
hicieron- dedicar a Baile, y en el que instalarían, más tarde, a la Sociedad de
Baile “La Coral”. -En la guerra civil, este salón sirvió también de comedor
para los oficiales de las tropas italianas que estuvieron en Nájera-. Y en la
fachada principal lucían -y lucen, gracias al Taller Diocesano de Restauración-
unos frescos que pintó el artista najerino, Antonio Ballesteros, representando
dos escenas de Adán y Eva, rodeadas de dos niños, angelitos y cuatro Genios de
la música. A primeros de Septiembre de
1.932, se daban los últimos retoques para terminarlo antes de las fiestas de
San Juan Mártir y Santa María La Real, que es cuando iba a ser inaugurado. De
este modo, el día 16 de Septiembre de 1.932, festividad de San Juan Mártir, los
propietarios, anteriormente citados, lo inauguraron con la actuación de la
Orquestina del maestro don Urbano Bajo, el debut de las estrellas de renombre,
Manolita Rivero, bailarina; Nemi Elisa, que cultivaba el género español y
extranjero, y Carmelita Palacios, estrella de cuplé cómico, y la proyección de
cine sonoro. Ahora, después de 84 años, el Cinema Club de Nájera va a volver a
ser inaugurado, pero en esta ocasión como Oficina de Atención al Ciudadano. Según
declaraciones del Director General de los Servicios Jurídicos en Gobierno de La
Rioja, Alfonso Domínguez Simón, el total de las obras de acondicionamiento de
la nueva oficina y la restauración de los frescos cuentan con un presupuesto
global de 1.218.428,35 euros.
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Eusebio Hervías del Campo
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