
Esta madrugada he leído
la entrevista del candidato socialista a las próximas elecciones municipales,
Fernando Sáenz González, y aún no salgo de mi asombro. Me he quedado
estupefacto. Solo el titular es como para -perdonadme la expresión- comer
cerillas y cagar mecheros. “Quiero
volver a poner a Nájera en el lugar de donde no debía haber salido”. Esto
lo dice una persona que lleva casi cuatro años gobernando con Jonás, compañero de
partido, que a su vez lleva casi ocho, y no han hecho absolutamente nada bueno
para la ciudad. -Decir que no han hecho nada sería muy injusto, por lo que
leeréis a continuación-. Cierto es que Nájera estaba un poco tocada; pero estos
señores se la han dejado morir por su soberbia, su intransigencia y su
ineptitud. Su prepotencia les ha llevado a enemistarse seriamente con casi
todas las Asociaciones najerinas, y a crear, ya no malestar en nuestra ciudad,
sino una infinita aversión. Como ya dije en un comentario anterior, los únicos
esfuerzos que han hecho de verdad, han ido encaminados a desmantelar el Museo
Histórico Arqueológico Najerillense, a cargarse a las Asociaciones y a cerrar
las piscinas cubiertas. Hace muy poco tiempo, más de cuatrocientas personas les
gritamos a la cara ¡fuera!, ¡fuera!, ¡fuera!, hasta la extenuación. Y eso no es
casual. Los gobernantes socialistas tuvieron cuatro años cerrada Peñaescalera,
abocando a algunos negocios a cerrar, porque quienes venían a nuestra ciudad y
veían la entrada cerrada se iban a Logroño a comprar; no han traído industrias,
y algunas de las que había tuvieron que cerrar; no han cumplido ni una sola de
sus promesas electorales; no han construido viviendas sociales; han tenido el
Cine Doga cerrado hasta la semana pasada; se han dejado morir el Parque Natural
de Nájera; están vertiendo las aguas fecales del casco antiguo directamente al
río Najerilla; tienen literalmente hundida nuestra ciudad… Y para no extenderme
más, han tenido comportamientos tan vergonzosos, que cualquier partido serio
habría afeado, desautorizado y reprobado duramente sin tardanza. Al final de la
entrevista, tiene la osadía de declarar algo así como que “los que critican lo hacen por desconocimiento o por su trabajo” -los najerinos somos tontos e
interesados-, y “que los insultos y las mentiras no tienen cabida, sobre todo cuando
se enfocan a una persona. Eso debe
desaparecer para que haya concordia y buen “feeling” entre la ciudadanía”. Señor candidato, además de recordarle
que cualquier ciudadano tiene, no sólo el
derecho, sino el deber de criticar, cuestionar y denunciar todo lo que crea
criticable, cuestionable o denunciable, he de decirle que las críticas del
pueblo no se enfocan sobre una persona, sino sobre unos gobernantes, un alcalde
o un alcaldable incapaces e intolerantes. Y eso, señor candidato, es
absolutamente lícito y saludable para la buena salud democrática de todas las
ciudades.