
Hace unos días leí en el
diario La Rioja que habían aparecido termitas en la sacristía del Monasterio de
Santa María La Real de Nájera. Nada más ver el titular, me vinieron a las
mientes varios recuerdos de estos isópteros. Recuerdo perfectamente cómo
invadieron, casi hasta hundirlos, varios edificios en la calle San Marcial;
otro que tuvo que ser derribado y reconstruido después de haberse posado en su
fachada una multitud de termitas aladas; la aparición en dicha calle de miles
de ellas -la mayoría se las comieron los pájaros-; la desinfección de algún
edificio de la zona; la aparición el año pasado de centenares de ellas en la
Plaza de España -dejaron totalmente negras todas las mesas de las terrazas-,
justo el día que comenzaron las Crónicas, y ahora mismo están en un local de la
Plaza. Si tenemos en cuenta que las termitas se dispersan por los cascos
antiguos siguiendo una distribución que es consecuencia directa por la humedad
de los ríos y corrientes subterráneas que lo atraviesan, y que el cubrimiento
de los cauces y manantiales subterráneos y las humedades ascendentes del subsuelo
por capilaridad, contribuyen en gran medida a ello, cabe pensar que la cárcava
de Nájera, que nace en el paraje conocido por los de mi generación como “El
Hoyo”, al final de la calle Costanilla, o Las Peñas -antiguamente calle del
Puente Arriba-, y que desemboca en el río Najerilla, a la altura de la
pasarela, podría ser un criadero de ellas. Si esto fuera así, cosa que no puedo
aseverar, los edificios de las calles Costanilla, Hórreo, San Jaime, Travesía
de Santa María, San Marcial, Plaza de España y Plaza de Navarra, entre otros,
estarían expuestos a ser invadidos por ellas.
