
En una colonia felina que no está pudiendo ser
gestionada correctamente por la asociación Maullidos Solidarios, debido a
motivos totalmente ajenos a esta, situada en una huerta colindante a la plaza
de Santa María La Real, se han visto vulnerados el bienestar y la salud de los
gatos pertenecientes a esta colonia, vertiendo sus excrementos en los bebederos
que estos disponen, atentando de esta manera gravemente contra su salud. Hemos
recibido amenazas veladas y faltas de respeto tanto las alimentadoras de esta
colonia, como la asociación. Pero aún se ha llegado más lejos, cada vez son
menos los gatos que aparecen cuando se les va a alimentar. Luna, la madre de la
mayoría de los gatos, lleva desaparecida meses, y de quince gatos que eran
aproximadamente al principio, quedan menos de la mitad. Una escena dantesca sacudió la zona: una cría apareció muerta, (presuntamente
debido a un atropello), junto a la puerta donde habitualmente se alimenta a esta
colonia felina. Pero aquello solo fue el preludio de algo aún peor. El pasado 2
de enero, una vecina dio la voz de alarma tras observar durante horas, desde su
vivienda, a un gato en estado agonizante, incapaz de moverse y luchando
desesperadamente por sobrevivir. Con la ayuda de un bombero y una voluntaria de
la asociación, el animal pudo ser rescatado a través del agujero de la puerta.
Su estado era estremecedor. Apenas podía arrastrarse. Aun así, fue trasladado
de urgencia al veterinario en un intento desesperado por salvarle la vida...
No se consiguió. Las
radiografías revelaron una realidad brutal: SU CUERPO ESTABA ATRAVESADO POR
PERDIGONES, alojados en puntos críticos de la columna vertebral. Los disparos
le habían dejado completamente paralizadas las patas traseras, obligándolo a
desplazarse arrastrándose durante horas —o incluso días— en un sufrimiento
extremo. No fue un accidente. No fue una enfermedad. Fue un acto de violencia
deliberada contra un animal indefenso. Un nuevo caso que vuelve a poner sobre
la mesa la impunidad y la crueldad hacia los animales más vulnerables. En estos
dos casos encontramos el cuerpo sin vida de una cría, y el cuerpo agónico de
otro felino, ambos pertenecientes a esta colonia. Nuestras preguntas son las
siguientes: ¿Dónde están los cuerpos de los demás gatos desaparecidos? ¿Por qué
se está actuando al margen de la asociación Maullidos Solidarios? ¿Cuántos
gatos más tienen que ser asesinados para que se actúe de una vez conforme a la
ley? Maullidos Solidarios advierte: no habrá tolerancia alguna frente a la violencia
ejercida contra estos animales. Cada ataque será denunciado y llevado hasta las
últimas consecuencias. Actuaremos sin descanso, con la ley en la mano. También
queremos hacer un urgente llamamiento a la ciudadanía: cualquier persona que
haya visto u oído algo, por insignificante que parezca, debe comunicarlo. El
silencio también mata. La violencia contra los animales es un delito y no puede
quedar impune.
