Un najerino indignado me envía el siguiente mensaje: “Como vecino de Nájera, me veo en la obligación de denunciar públicamente el uso indebido que se está haciendo de un espacio declarado Bien de Interés Cultural y parte de un enclave Patrimonio de la Humanidad. Resulta indignante que quienes deberían velar por su conservación conviertan su entrada en un aparcamiento privado y sus instalaciones en algo parecido a un chamizo. No es aceptable que la mayor joya de nuestro patrimonio esté, en la práctica, secuestrada. Un lugar de semejante valor histórico, cultural y simbólico merece un trato acorde a su importancia. Necesita respeto, cuidado y una gestión responsable que garantice su protección y su adecuada proyección hacia el exterior. Los visitantes que llegan a Nájera deberían marcharse con la sensación de haber conocido un espacio único, no con la impresión de abandono o dejadez. Nuestro patrimonio es una herencia colectiva y debemos exigir que se le dé la visibilidad y la dignidad que merece”.
